Inventiva, originalidad y plagio en la mùsica de Wilfrido Vargas.




Wilfrido Vargas (1949) tendría 25 años cumplidos cuando irrumpió con su merengue maratónico de acentuada recreación melódica, en 1974. Un tremendo locutor dominicano (testigo mudo de la payola que como un “gnomo infernal”, y su D`Nuncio, atacó la radio dominicana desde mediados de aquella década), con más genialidad que Alan Freed en Angloamèrica, se encargó de ponerle la moharra a la frenética carrera de Wilfrido, cuando desde Radio Visión, propiedad de Bienvenido Rodríguez y dirigida por Reynaldo Balcàcer, lo bautizó como “El nuevo poder la música”. Su nombre: Enrique Fernàndez. Tal como había ocurrido con Johnny Ventura en 1964, el impacto fue fulminante, de la misma velocidad que su «merengue». Lo que vendría después, musicalmente hablando, se asemeja a la guerra de exterminio entre bolos y coluses que se extendió hasta las montañas un cuarto de siglo antes de que surgiera Enrique Blanco, el héroe guerrillero antitrujillista al que el propio Wilfrido le dedicara unos de sus más célebres merengues. /Y tiros por aquí/ y tiros por allá… Unos años previos Wilfrido había llegado de Altamira, Puerto Plata y cual “inmigrante puritano” que huye de las penurias económicas, se ganaba la vida con modestia junto a sus carnales Víctor Víctor y Manuel de Jesús en el Night Club Cashba de las afueras de Santo Domingo. Para 1972, Wilfrido ya era el director de Los Beduinos, grupo de música instrumental y ritmos tropicales variados, incluyendo merengues tradicionales. De grata recordación son los temas “Como tú una flor” y “El camino de los amantes”, que Los Beduinos le montaron y grabaron a Víctor Víctor cuando el autor de “Mira muchacha ven” y “Mesita de noche” andaba todavía de pláceme y ofreciendo serenatas con Claudio Cohén, Luis Tomás Oviedo y Sonia Silvestre por los sectores de clase media de Santo Domingo. Entusiasmado, Wilfrido le escribió a su padre Ramón Vargas, de quien había heredado el oficio, enviándole los primeros discos sencillos grabados para el sello Mozart, de Atala Blandino. La respuesta que recibió, según cuenta el propio hijo, fue tan cruda y sincera, que hubo de cambiar radicalmente la vida musical de Wilfrido, hasta el punto de romper ipso facto con sus compinches Vitico y De Jesús que eran sus cantantes y creativos en el grupo original de Los Beduinos. Basta con recordar que ambos aparecerían luego al frente y formando parte de grupos de nueva canción, Vitico en Nueva Forma y de Jesús junto a Chico González (desaparecido misteriosamente) y Ramón Leonardo en Expresión Joven, este último co-organizador, justo en 1974, del festival de Siete Días con el Pueblo, una réplica de evento que auspiciado desde Cuba y Chile, se venía celebrando por toda America Latina y cuya anterior versión había tenido lugar un año antes en Venezuela. El padre de Wilfrido Vargas le hacía saber que estaba orgulloso por lo logrado hasta entonces, pero que si quería completar su sueño y dejar atrás las causas que lo obligaron a emigrar, tenía que ponerse a tono con los nuevos tiempos y hacer música para consumo masivo y no para unos cuantos melómanos con ínfula de diletantes. El padre aprovecha y le envía letra y melodía de varios temas que Wilfrido, (cuya madre Bienvenida Martínez es también música), graba más por devoción que por convencimiento. Fueron ellos “Charo”, “El calor”, Las avispas” y “Búscame mi ropa que me voy”, a los que el joven aportó creatividad e ingenio de fuerte ritmo y una gran apoyatura melódica, en la que la polifonía vocal, con fraseo, llamado del solo y respuesta del coro propia de la música de tradición africana (reponsorial y antifònica), eran las notas novedosas. El impacto de Wilfrido no se hizo esperar y lo puso en competencia con los fenómenos de la época como lo seguían siendo Rafael Solano y Orquesta, Félix del Rosario y Los Magos del Ritmo y Johnny Ventura y su Combo Show, que desde 1967, se había perpetuado en el gusto musical de los dominicanos con su show televisivo. Debido al éxito inicial con el album «Ese da para petròleo», y cuando muchos creían que lo de Wilfrido había sido un remolino musical, el joven comenzó a emplearse a fondo y en 1975 salió entonces con una suerte de tifón tropical, con una producción titulada “Así, Así”, que contenía recreación de la música exótica de moda, en particular la estadounidense y su área de influencia, como rock, jazz, calypso y reggae, a la sazón explosionada a través de la “Música Disco”, y las estrellas individuales de Ton Jones, Barry White, Donna Summer, Bob Marley, Jhon Travolta y los remanentes de la Nueva Ola”:
Así como baila/
así es que me gusta/
como tu me besas/
así es que me gusta/
así así, sí sí, así así…./

A partir entonces. Johnny Ventura, en medio de una guerra musical propagandista, promovida desde las ondas hertzianas y parecida a la leyenda negra que allende los mares acabó con el predominio de la “Madre Patria”, tuvo que ceder su reinado, o mejor dicho, compartirlo. Lo cierto era que Wilfrido encontró el camino abonado y pese a los ataques que recibió, que fueron muchos, venidos incluso, de sus antiguos compañeros, no tuvo que defenderse como Johnny una década atrás (1961), quien para justificar su nuevo ritmo (mezcla de estilos cubanos y angloamericanos) dijo que lo hacía como forma (de protesta) y de ponerse en la onda ya que el merengue tradicional al estilo Juan Gomero y Compadre Pedro Juan, (era muy aburrido) y estaba comprometido con la ajusticiada tiranía trujillista. Hay que recordar que con Johnny y su nuevo merengue, la locura que había generado la música latina en Nueva York (tango, rumba y mambo) desde los años 20 y previo a la moda del rock and roll que con Chuk Berry y Elvis La Pelvis sepultó al ragtime & blues de Louis Jordan, Fats Dominó y Hill Haley y sus Cometas, se trasladó a la ciudad primada de América, cuando en junio de 1964, nacía el Combo Show. Para la época, la música latina de fuertes raíces cubanas había declinado en los Estados Unidos. El rock y el pop habían reclamado sus espacios y los músicos cubanos, puertorriqueños y dominicanos de moda en ese mercado hasta finales de los 40s, estaban compartiendo el hambre con los negritos de la jungla de asfalto. Ese factor se unió al tiranicidio para anunciar lo que surgiría musicalmente en el país. Nunca en la historia musical dominicana se ha registrado un fenómeno tan espectacular, que tras el affaire de “El Cuabero” y “Cuidado con este…, arrancó con el tema “La Agarradera”, un merengue-gagà de un creativo de raigambre popular como Luis Pérez:
La agarradera no la bailo yo/
la bailó una vieja y del tiro se murió…./

Johnny Ventura dominó durante los diez años subsiguientes hasta 1974 y para hacer más patente su reinado encontró como contrapeso a un Rafael Solano y Orquesta y a un Félix del Rosario y Sus Magos del Ritmo, dos estilos equidistantes entre sí y totalmente distintos del primero, apoyados en un merengue un tanto tradicional, melodioso y mezclado, pese a “Mal Pelao», «Vicenta» y «Papa Bocò» de Manuel Sánchez Acosta (Santiago,1914), del que se dice, como el preludio de “Masà, Masà, Masà”, dos décadas anteriores, estremeció el panteón africano:
Yo tengo un loa que me ilumina/
y me protege de la gente./
Con cuatro velas de a centavo/
y tres vasitos de aguardiente./
Con un retrato para abajo,/
y la candela en la boca;/
con una vela en la mano,/
y un pañuelo colorao…../

Fue así como apareció Wilfrido Vargas, con sus Beduinos, y en lugar de meterse por el centro para equilibrar el ambiente, se fue por uno de lo extremos, encontrando fuerte resistencia en un género que como la Salsa (música cubana con nuevo nombre) amenazaba con adueñarse del mercado. Si sorpresiva y chocante fue la aparición de Johnny, explosiva y polémica fue la de Wilfrido, iniciando así una nueva etapa de la música dominicana, para la que unos deseaban la gloria, y otros, el ostracismo. Entre los últimos, los había tan radicales que llegaron a decir que si profanar la música nacional constituye un pecado, entonces Wilfrido Vargas, como émulo de Johnny Ventura, pasaría del pelotón de fusilamiento de nuestro merengue, a encabezar un ejército que se iría derechito a los infiernos. Y al margen de unos y otros pareceres, lo cierto es que en la historia moderna de nuestra música visualmente hablando, no se han registrado dos fenómenos tan parecidos, ya que a Wilfrido se le tiene como el continuador de Johnny en cuanto a la aceleración del ritmo, con lo que ambos han alcanzado fama, lauros y fortunas. Para bien o para mal, los dominicanos, todo el hemisferio americano y parte de Europa, han disfrutado del sabor de la música de estos dos fenómenos. Lo de Johnny, que ahora anuncia por nueva vez su retiro, es historia patria, desde que por temor y/o reverencia al trujillismo se cambiara su nombre de pila Juan de Dios Ventura Soriano porque era igual al del héroe fusilado en 1959, Juan de Dios Ventura Simò. De Wilfrido se sabe, que en la cúspide de su carrera, luego de llenar a Altos de Chavòn, en 1988 actuó en Ovarius, la Plaza Grande de Roma, en un concierto en el que compartió las tablas con Paul Simon y Miriam Makeba. Fue Wilfrido Vargas y Orquesta el primer grupo hispano que se presentó en el Omni Sport, de Francia, 1989. Por allí habían pasado las superestrellas Julio Iglesias, Michael Jackson y Madonna. En ese mismo año fue invitado a participar en el Festival Cervantino, celebrado en México, donde ¡sopla! ofreció un concierto histórico-didáctico sobre el desarrollo del merengue:
Wilfrido, dame un consejo/
Estoy ante tì llorando…/

LO AJENO Y LO PROPIO. Lo de Wilfrido Vargas ha sido el ingenio, la inventiva, la recreación sobre lo ajeno y lo propio, vale decir, la reingeniería musical, como el experto que usa la técnica y sus conocimientos para manipular, verbigacia: los genes, merced a lo cual logra la clonación humana. Con ello, Wilfrido Vargas ha deleitado al país y a medio mundo. Hay quienes estiman, sin embargo, que Wilfrido, con su ritmo, apoyado en el piano eléctrico, el bajo y el sintetizador, más que en la tambora y otros instrumentos propios del merengue, pudo conquistar el cielo y meterse a París en un bolsillo como titulara un periódico nuestro por aquellos años, pero sus logros en el país y playas extranjeras, andan de espalda a los aportes que pudo haberle hecho a nuestra música, esa fuerza sensorialmente terrible, que como por un llamado de la sangre, levanta a los muertos y a arrastra a cualquiera criatura animada como el carburante a la máquina. Por otro lado, un tanto también coincidente con Johnny Ventura y con el que supera a todos los demás artistas de nuestra música, es el uso que Wilfrido le ha dado a temas ajenos y de otros géneros sin ningún respeto para adaptarlos a su ritmo acelerado y divertidísimo:
Soy un hombre divertido/
yo no sé lo que es llorar…/

En ese aspecto, hay quienes estiman que Wilfrido Vargas violó el código secreto, esa ley no escrita que tienen y respetan hasta los mafiosos. En cuanto al tema de los plagios, entre todos los grandes artistas de nuestra música, Wilfredo Vargas se lleva también la delantera, sobresaliendo más como “acusado” que como “víctima”. El lugar de un aceptable cantante y simpático coreógrafo, al estilo Johnny Ventura que tras ganar un concurso de canto, se inicio como guirero en una orquesta trujillista , y un creativo, como Juan Luis Guerra que es esencialmente poeta, Wilfrido ha sido un malabarista de nuestra música, un saltimbanqui (no sankipanki que son los negros que se las buscan con turistas extranjeras en nuestras playas), talento que mostró desde que irrumpiera con su grupo Los Beduinos, a partir de lo cual se convirtió en un “asesino”, con una trayectoria musical apoyada básicamente en las adaptaciones, los “fusilamientos” y de “tomar y dejar” sin importar leyes ni méritos. Por ello, a lo largo de su fructífera carrera, Wilfrido Vargas se las ha pasado defendiéndose. De la acusación de “secuestrar” temas para adaptarlos a su estilo de hacer merengue, ha pasado a la persecución por plagio, tanto en el país como en el extranjero. Comenzó en esa práctica con su primer tema verdaderamente comercial: “Así, Así”, en la voz de Vicente Pacheco, que es una vieja creación (jaleo)de un humilde músico de Salcedo de nombre Alexis de Jesús Vinicio Camilo Morel (1933), que compuso también a “Oye Nena” y “Cibaeñita” y del que no se ha vuelto a saber su destino. El tema, del que según Wilfredo sólo recibió 500 pesos de pago de parte de Karen Rècords y su dueño Bienvenido Rodríguez,, tiene una melodía bellísima y pegajosa, pero unas letras muy pobres y lacónicas. Wilfrido sólo le aceleró el ritmo y le puso la voz penetrante de Pacheco. Fue en la voz del mismo Pacheco, que Wilfrido grabó el tema: “Don José”, de Sonny Ovalle (Salcedo, 1943), ese extraordinario músico popular de quien se dice fue, junto a Luis Pérez, el gran creativo de muchos de los grandes éxitos de Johnny Ventura. Ovalle estuvo con Johnny durante años, de cuyo combo salió para asociarse más tarde a Wilfrido. El primer tema que compuso para Los Beduinos fue “El Semáforo”, de grata recordación. Tanto Pérez como Ovalle parece que fueron los “negros”, (como se dice en el argot literario a prepósito del negro de Shakespeare), de ambas celebridades musicales durante sus años de mayor estelaridad. Dos famosos temas folklóricos (anónimos), uno dominicano y otro de Sudamérica, fueron grabados licenciosamente por Wilfrido: “El Jarro Pichao” y “El Pájaro Choguí”. Con el primero se consagró la voz de Vicente Pacheco y con el segundo se reveló la de Sandy Reyes como una de las mejores y más altas voces dominicanas. Con “El Jarro Pichao”, un autor anónimo de gran genio creativo quiso retratar musicalmente hablando, lo que a su juicio estaba ocurriendo en la zona del Cibao en la época del tirano Trujillo y las andanzas de su hermano Petán (José Arismendy Trujillo), por la zona de Bonao y sus alrededores, luego de la instalación de la Voz del Yuna en 1944, por donde azotaba con sus “Cocuyos de la Cordillera” y desfloraba impunemente cuántas jovencitas se le atravesaban en el camino.
Yo iba pa´la Vega/
pasé por Bonao/
a mí me dieron agua/
en un jarro pichao/
pichao, pichao, pichao/
el jarro està pichao…/
Ay, dicen las mujeres/
que eso no puede ser/
un jarro nuevecito/
tapado con cupey…/

Por su melodía y por su contenido hay quienes creen que el tema pudo ser de la autoría de uno de los grandes creativos de la época, y hablan de Luis Calaf Pèrez (Pimentel, 1916), Bienvenido Brens (Pimentel, 1925)y Félix López Kemp ( Puerto Plata, 1917-1969) El primero compuso “La Empalizà” y “Yo Tengo un Lío”; el segundo, “Apágame la Vela”, y el tercero, un músico desafecto a la tiranía, que caería preso tras haber creado los merengues “ La Miseria” y “Siña Juanica”, usados como himnos musicales por los antitrujillistas en Cuba y en la ametrallada marcha que a finales de la tiranía bajò por la calle Arzobispo Meriño hasta el parque Colón de la Zona Colonial. Se sabe que López Kemp, quien se salvó a “chepita”, fue libertado por la mediación de amigos, bajo la condición de que compusiera un tema laudatorio al sátrapa, por lo que desde la misma cárcel…, escribió el merengue “Trujillo el Arquitecto”, que figura en la antología de las más de 500 piezas merengueras que bajo el cuidado de Luis Rivera González (1915-1986), esposo de la soberana Casandra Damiròn (1919-1983), se le dedicaran al tirano nacido en San Cristóbal. “El Pájaro Choguì”, no Chohuì, fue originalmente una vieja canción de un autor paraguayo también desconocido, que antes que Wilfrido la grabara, había sido fusilada en el país, siendo el primero en hacerlo Ramón Gallardo en la época trujillista. Desde 1957, Gallardo, músico también puertoplateño, regenteaba un combo con un fuerte sabor antillano, que actuaba en el otrora Típico Najayo, (luego Típico Quisqueyano) en La Feria, y hasta allí se desplazaban muchos dominicanos a bailar y disfrutar otros conocidos temas, algunos recreados en melodías extranjeras, como “La mulatona”, “El medio millón” y “Quitribámbara”. “El Pájaro Choguì” es un tema folklórico dedicado a los aborígenes del Paraguay, Los Guaraníes, que desde antaño forma parte de una polka de ese país. El tema se refiere a la conversión por sortilegio de un indio guaraní en pájaro choguì, un ave que sudamericana que se parece mucho al ruiseñor que conocemos en República Dominicana, el cual nuestros campesinos nunca cazan por asociarlo a algo sagrado. Originalmente el tema dice:
Cuenta la leyenda que en un árbol/
se encontraba encaramado un indiecito guaraní,/
que sobresaltado por un grito de su madre /
perdió apoyo, y cayendo se murió./

Y que entre los brazos maternales /
por extraño sortilegio en chogüí se convirtió./

Chogüí, chogüí, chogüí, chogüí,/
cantando está, mirando allá,/
llorando y volando se alejó./
Chogüí, chogüí, chogüí, chogüí,/
que lindo va, que lindo es/
perdiéndose en cielo guaraní./

Y desde aquel día se recuerda al indiecito/
cuando se oye como un eco a lo chogüí,/
ese canto alegre y bullanguero/
del gracioso naranjero que repica en su cantar./
Salta y picotea las naranjas/
que es su fruta preferida, repitiendo sin cesar./

Chogüí, chogüí, chogüí, chogüí,/
cantando está, mirando allá,/
llorando y volando se alejó./
Chogüí, chogüí, chogüí, chogüí,/
que lindo va, que lindo es/
perdiéndose en cielo guaraní./

El que escucha la polka paraguaya que es la música primigenia en que se grabó, observará que Wilfrido lo modificó tanto en letra como en melodía, añadiéndole al final un: /Yo estoy cantando/ dime mamá si a ti te está gustando./ Tu lo haces bien/ tu eres inteligente/ yo te aseguro/ que lo haces perfectamente/ etc., etc., Es un tema tan hermoso y popular que ha sido grabado por artistas de casi todos los países latinoamericanos, como Rigo Tovar y los venezolanos Indio Pitaguà y Asdrúbal (Cheo) Hurtado. Con decir que hasta Julio Iglesias lo grabó e Ismael Rivera hizo una versión en salsa. El tema “La mulatota”, originalmente un son de Piro Valerio, fue convertido por Ramón Gallardo en todo un suceso merenguero desde los años 60s., en la voz de Rafelito Martínez, que se inició como cantante en 1953, con el tema “Canto de hacha”, de Pedro Néstor Pérez, grabado para el sello Bartolo Primero. Martínez, nacido en Los Pepines, Santiago, en 1925, se había iniciado como cantante en la orquesta de Los hermanos Pérez, y otros de los merengues que se hicieron famosos en su voz, fueron “El desguañangue”, de Luis Alberti y “Chanflìn”, de autor anónimo, que llegaron disfrutar en grande los dominicanos de viejas generaciones. Con Sandy Reyes y el genio musical de Sonny Ovalle, Wilfrido grabó luego El “barbarazo” (Ramoncito Dìaz), “Solina”, “Búscame mi ropa”, “Eso viene por ahí”, “La Pringamosa”, “Todo es para ti” y “Abusadora”, un tema, el último, originalmente de amargue creado por Miguel Figueroa para Blas Durán. “Todo es para ti” es un fusilamiento de un vallenato del maestro Cálixto Ochoa, uno de los pilares del folklore colombiano que tiene sus raíces en Valledupar. Después de Vicente Pacheco y Sandy Reyes, entraron en escena con Los Beduinos, Rubby Pérez y Eddy Herrera. “El Africano”, uno de los temas que más beneficio ha generado al beduino mayor, pues su demanda comercial llegó hasta Europa, es también un vallenato del mismo Calixto Ochoa. Ochoa es un creador de grandes éxitos musicales, a ritmo de cumbia y vallenato, que son sin dudas los dos géneros musicales más socavados en nuestro país a través de los fusilamientos. Víctor Víctor revelaba que cuando asistió al Primer Festival de la Canción Caribeña, celebrado en Nicaragua a mediados de los años 80s, escuchó interpretar “El africano” en su ritmo original. El autor de “Mesita de Noche” señalaba que “El Africano” ha tenido varias versiones pero que por la forma como Wilfrido lo adaptó, casi a ritmo de merengue y en la voz de Miriam Cruz, muchos latinoamericanos piensan que es un tema dominicano. Una versión del tema la hizo el músico chileno Roberto Fonseca (Pachuco) con su orquesta Cubanacán, que fue montada también por el músico clásico anglosajón George Nann. Pachuco hizo historia con “El africano” en pleno Chile de Augusto Pinochet, En 1986 se presentó en el Festival de Viña del Mar, conocido también como La Quinta Vergara, y allí cada vez que el cantante de la agrupación decía: “Mami que será lo que quiere el negro”, la multitud a todo pulmón, gritaba ¡Que se vaya Pinochet. Por eso Roberto Fonseca, que ha sufrido varios infartos, cayó en desgracia con el régimen de Picnochet, y no sufrió mayores complicaciones gracias a la mediación de la esposa del dictador, Lucía Hiriart, que era una de sus fans. Pachuco llegó a grabar y hacer popular en Chile, el tema “Abusadora”, internacionalizado también por Wilfrido Vargas en su versión de merengue.
Qué hiciste abusadora/
qué hiciste
abusadora, abusadora…/
La mujer que quise/
Me dejò y se fue/
Y ahora ella /quisiera volver…/

Ese tema, luego que Wilfrido lo grabara generó una gran protesta del movimiento feminista dominicano que consideraba que denigraba la dignidad de la mujer. Hubo marchas, talleres, seminarios y debates televisivos y en esa misma medida una mayor difusión del merengue, que como el vallenato «El Santo Cachòn», fusilado por uno de los grupos típicos dominicanos, retumbó durante meses en los barios y comunidades dominicanas, y airó hasta los fèminos, hombres con falda que en el país se han multiplicado sin que necesariamente sean homosexuales. “El Jardinero”, que según Víctor Víctor hizo explotar a Wilfrido Vargas, “es una mezcla de éxitos de origen haitiano, contiene partes de melodías caribeñas y las letras fueron adaptadas”. Una versión conocida es la de Roberto Mondragón y orquesta. Por su título y no por sus letras y melodía, el tema podría ser confundido con “El jardinero” que Ernesto Lecuona compuso sobre los versos “Amores y Amoríos” de los hermanos cubanos Joaquín y Serafín Álvarez Quintero; con “El Jardinero del Amor”, del judío maravilloso Harry Harlow; con “El Jardinero” del grupo argentino de rock Pescado Rabioso que dirigió Luis Alberto Spinetta, y con “El Jardinero”, de Rabindranath Tagore, alrededor del cual hay una vieja acusación de plagio que afectó a Pablo Neruda.
“La Medicina”, es otro “fusilamiento” al estilo Wilfrido Vargas, que en Francia durante la triunfante presentación del artista en Omni Sport, en 1989, fue confundido por muchos parisinos con el ritmo Bigüini, la música folklórica de las islas francesas de Guadalupe y Martinica. Como informaron algunos cables noticiosos, Wilfrido Vargas, pueda que se metiera a París en un bolsillo, pero no convenció con su merengue, entre cuyos temas estaba “La Medicina”, una mezcla de sonidos afroamericanos que se confunde de igual modo con “Mi Medicina” que canta el venezolano Carlos Baute, con la diferencia de que las letras de éste son una auténtica lírica. Al igual que Hugo Blanco, autor de “Maria Morena” y el “Burrito de Belén”, Baute es un tremendo autor venezolano y entre sus temas más conocidos figuran: “Yo nací para quererte”, “Ay como quisiera” y “Mueve, mueve”, cuyo parecido con algunas versiones dominicanas no son sólo puras “coincidencias”. Una versión de “La Medicina” fusilada por Wilfrido, la montó el grupo de rock chileno Los Tetas. “Juana la Cubana” anda por esos mismos desfiladeros creativos, pues se sabe, que la música de ese tema guarda relación con el baile de una famosísima negra cubana, llamada Juana Bacallao, actriz, cantante y bailarina de cabaret, que hizo historia por los años de 1950 y posteriores, y que llegó a actuar en República Dominicana en sendas ocasiones, en donde, según sus propias palabras, la habrían declarado “hija adoptiva y le pusieron mi nombre a una calle de Quisqueya, la bella”. Lo de “Juana la cubana” le vino después de actuar en el Festival Iberoamericano que se celebraba en México en la década de los años 60s. El tema original es una cumbia-son con aires mexicanos de la autoría de Fito Olivares, que ha compuesto y popularizado otros temas como “La gallina”, “Agüita de melón”, “Caliente y sabroso”, “La negra Catalina” y “Cumbia caliente”. Parece que Olivares tomó parte de la melodía del son original del cubano Obdulio Morales, creado para la mulata cubana cuyas letras decían:
Yo soy Juana Bacallao/
¿Te enteraste?/
Llegó Juana Bacallao/
la negra que en el bembé/
salpica para no mojar/.
Los hombres me invitan a aguardiente/
ellos no saben que soy fisna/
si fuera champán o fuera sidra/
quizás yo lo aceptara/
¿Qué, si no?/

Pero el mismo nombre de “Las Chicas del Can”, grupo creado por Wilfrido Vargas y que tuvo como líder más acrisolada a Miriam Cruz, la intérprete dominicana del tema, había sido tomado de una agrupación femenina que con ese nombre actuaba junto a Juana Bacallao. Por eso encontramos, que además del estribillo aquel de que “baila como Juana la Cubana”, el tema original decía en su última estrofa:
Es que yo sigo siendo la tremenda/
Las Chicas del Can dicen que yo soy la brava/
que yo soy Juana, bien nombrá/
acabé en el mundo entero, señores
vaya, la llave, la llave la tengo yo…/

Muchos dominicanos saben de la historia tumultuosa de “Las Chicas del Can”, desde que el grupo fuera creado en 1980, bajo la dirección de Belkis Concepción. Lo cierto es, que las famosas “Chicán”, cuyo nombre fue supuestamente idea de Yaqui Núñez del Risco, fueron varias veces disueltas, a partir de la primera deserción que protagonizaron en Puerto Rico, dos de su principales integrantes, Angela González (bajista) e Iliana Reynoso (cantante). Iliana, posiblemente una de las mejores intèrpretes femeninas dominicanas, pertenece a una reputada familia de músicos y artistas oriundos de Moca, que tuvo como patriarcas a Lolo Reynoso y a Pedro su hijo. Un hermano de Iliana, Junior, incluido entre los tres mejores cantantes de merengue para aquella misma época, quedó paralítico al lanzarse de un cuarto piso del edificio donde vivía precisamente en la isla del encanto. La popularidad de “Las Chicas del Can” era de tal magnitud, que generó una copia al carbón en Puerto Rico, con el nombre de “Las Chicas del Clan”, las cuales, como era de esperarse, sufrieron del síndrome conocido de que nunca segundas partes fueron buenas, lo que es aplicable también a otras copias hechas en la propia República Dominicana, con los nombres de “Las Chicas del país”, “La Media Naranja”, “Angela y sus Chicas”, “Las Chicas Canelas”, Las Mandarinas” y una última versión que como Las Chicas Caribe”, andan por ahí intentando vender sus voluptuosidades. Se recuerda, que de forma misteriosa y en un hecho en medio del cuyo nudo y desenlace, cual duende apasionado obró un reconocido cronista de espectáculo, Belkis Concepción fue dejada fuera de “Las Chicán”. La muchacha, cuya criolla belleza había deslumbrado a Wilfrido Vargas, enfermó de una polineuritis crónica y en lugar de protegerla el Beduino mayor la botò… Meses después, recuperada, esta pionera de los grupos femeninos formó su propia orquesta que a seguidas fue contratada por el sello Cubaney de Mateo San Martín, manteniéndose, a fuerza de una guerra de payola y de grupos femeninos, liderando por un buen tiempo el mercado nacional con temas como “A la Bulanyé”, con letra y melodía de Olga Lara (Azua, 1953), y “La Vecina”, en la voz de Verónica Medina. Luego sería la misma Miriam Cruz, que también, esta vez por voluntad propia, saldría de “Las Chicán”, para formar su propio grupo con el nombre de “Miriam Cruz y Las Chicas”, lo que significaba una clara alusión y desafío a “Las Chicas del Can”. A su salida, Miriam, con quien se fue el grueso de sus compañeras, lanzó rayos y centellas contra Wilfrido. En la farándula dominicana el tema se convirtió en comidilla, con gente hablando de deslealtades y despecho, ya que a Miriam, como a casi todas las otras cantantes que corrieron su misma suerte, se les asociaba sentimentalmente a Wilfrido Vargas. Desde niño, Wilfrido es trompetista, tan bueno que los once años era primera trompeta de la banda municipal de su pueblo, pero con su ronquera de saxofón doméstico, trató de defenderse quedando muy mal parado ante la opinión pùblica, ya que Miriam con su rostro pálido y tierna vocecita, fue vista como una caperucita roja víctima del lobo feroz. En lo adelante, la cantante de las nuevas Chicàn, sería Grisell Báez, la cual con graciosura se reveló como una copia «infiel» de Miriam. Junto a Grisell, en el frente del grupo figuraban Florangel del Villar y Michelle Flores, bombones de mujeres que venían del grupo Las Mandarinas, de José Luis Báez, de donde habían desertado para sustituir a Miriam y sus compañeras en la recomposiciòn Las Chicàn. Desde la revelación de Milly Quezada, con Los Vecinos, en la ciudad de Nueva York en 1975, no se había conocido una intérprete de merengue de tanta calidad y pegada como Miriam Cruz, a quien se le recuerda por sus temas iniciales de “La Media María”, “El Higuerón”, “El Comején”, “El Africano”, “Juana la Cubana” y otros fusilamientos para adaptarlos a merengue. “El Comején” es del músico de origen cubano residente en España, Alain Pérez, mientras que “El Higuerón” es otro vallenato del grupo colombiano Binomio de Oro, que originalmente formaron Israel Romero y Rafael Orozco. Orozco, fallecido en 1992, a los 38 años de edad, fue el creador de “El Higuerón”. Alain Pérez pertenecía al grupo cubano de Isaac Delgado, del cual desertó durante una gira por España. Su formación le viene en parte desde la época en que era una suerte de mascota de Irakere, la célebre orquesta cubana de música moderna (mezcla de jazz, rock, música clásica y tradicional de la tierra de José Martì) entre cuyos más destacados integrantes figuraron Arturo Sandoval, Paquito D`Rivera y Chucho Valdez, su principal impulsor a nivel internacional, y quien lanzó hace poco una producción llamada “30 Años” con temas como «Juana 1600», «Estella va a Estallar», «Nothing Personal», «Bacalao Con Pan y «Drume Negrita», «, entre otros. Ese disco, junto a la producción reciente de Bebo Valdez (Padre de Chucho) y Cieguito El Cigala (con “Lagrimas Negras”, “Inolvidable”, “Niebla del Riachuelo”, “Corazón Loco” y “Veinte años”), constituyen dos de las más preciadas joyas musicales de la actualidad. “Drume Negrita”, es una creación de Ernesto Grenet, popularizada por el también cubano Bola de Nieve y el argentino Quilapayùn y que sorpresivamente se parece en su título a “Duerme Negrito”, otra canción de cuna de origen cubano que recoge Atahualpa Yupanki en su cancionero, hace popular en República dominicana el uruguayo Alfredo Zitarroza (atribuyéndosele a Daniel Viglietti), y de la que hay una historia bien oscura…oscura por la trama y no por el mote conque la dio a conocer por el mundo la más grande intérprete femenina que la grabó, la igualmente argentina Mercedes Sosa, «La Negra». En honor a la exquisita Miriam Ventura, ejemplo de la mujer inteligente, digna y luchadora de la diáspora dominicana, aquí les van sus letras, agréguele usted la música:

Duerme, duerme, negrito
Que tu mama está en el campo, negrito
Duerme, duerme, mobila
Que tu mama (es)tá en el campo, mobila.
Te va a traer codornices para ti
Te va a traer rica fruta para ti
Te va a traer carne de cerdo para ti
Te va a traer muchas cosas para ti
Y si el negro no se duerme
Viene el diablo blanco y ¡zas!…
Le come la patita chicapuma
Chicapuma, apuma chicapum.
Duerme, duerme, negrito
Que tu mama ‘ta en el campo, negrito.
Trabajando sí
Trabajando duramente
Trabajando sí
Trabajando y va de luto
Trabajando sí
Trabajando y no le pagan
Trabajando sí
Trabajando y va tosiendo
Trabajando sí
Pa(ra e)l negrito chiquitito
Pa’l negrito sí
Trabajando sí
Trabajando sí.
Duerme, duerme, negrito
Que tu mama ‘ta en el campo, negrito. Negrito…

Seguiremos con Wilfrido Vargas….



About the Author

German Santiago
Periodista, poeta y escritor.