En voz alta




Quedan seis meses de campaña electoral. Eso es mucho tiempo.
En un país como éste, sin instituciones sólidas, donde se vulneran todas las leyes incluyendo la Constitución, la ventaja no es de quienes están en la oposición. La ventaja es del que está en el poder, sobre todo si es capaz de utilizar los recursos del Estado. Las elecciones congresuales y municipales del año 2006 no me desmienten.

El Presidente de la República salió, pueblo por pueblo, a promover a sus candidatos. Cerca de cinco mil millones de pesos gastó el Ejecutivo en una campaña electoral donde no estaba en juego la Presidencia. Guardias y policías fueron utilizados.

Más adelante, repitió la hazaña para “ganarle” las primarias de su partido a su compañero entrañable, amigo casi hermano, Danilo Medina. Tanto es así, que el propio Medina dijo que había perdido del Estado…

Ahora que está en juego la Presidencia, ¿de qué no será capaz, sobre todo después que el presidente del PRD lo amenazara con meterlo preso en caso de que su partido ganara las elecciones? No sólo se juega el poder, sino su libertad y su integridad moral.

Una buena parte de los dirigentes del PRD parecen no tener idea de las cosas que les esperan a partir de enero, cuando la campaña electoral adquiera características distintas.

El Gobierno está destrozando al Partido Reformista comprándole a sus principales cuadros y dirigentes para reducir a su candidato a un cinco o seis por ciento porque sabe que mientras el PRSC sube el PLD baja. Y viceversa. El gobierno necesita por lo menos diez puntos del Partido Reformista para “ganar” en primera vuelta porque de lo contrario su derrota es casi inminente.

Al PRD el gobierno le dará con todo. Al candidato del PRD le esperan días difíciles, porque lo que se ha preparado y lo que se está preparando en su contra es muy sucio, tan sucio, que le provocará náuseas a muchos.

La campaña electoral no ha comenzado. Recuerden que tope no es pelea. Lo duro será a partir de enero. Ya lo verán. El huracán Noel, manejado con una torpeza sospechosa por el gobierno cuando comenzó, ahora es su aliado. El Presidente tiene una buena excusa para obtener más dinero del que ya tiene. La sobrevaluación de los daños provocados por Noel producirá muchos millones.

Como puede verse la ventaja la tiene el PLD, no el PRD. La ventaja que da la fuerza de poder corromper y chantajear, la ventaja que da el dinero, la ventaja que dan los guardias y la Policía, la ventaja que dan los medios de comunicación, la ventaja que da la cúpula de la iglesia católica, la ventaja que da el presupuesto nacional, la ventaja de la percepción, que en política, si no lo es todo, lo es casi todo.

Y lo que es peor, la ventaja que le da al gobierno un PRD que no termina de unirse en torno a su candidato, un candidato que no termina por asimilar a una buena parte de los dirigentes, un PRD con dirigentes jugando a dos cabezas; con proyectos propios que entran en contradicción con la candidatura del partido, gente que no entiende que el único proyecto viable en estos momentos es Miguel Vargas, elegido democráticamente por las bases del partido.

Y algo tan peor o tan malo como lo anterior: Hay gente vendiendo un falso triunfalismo, que se considera secretario de Estado, que anda dando codazos para que nadie compita, para que nadie se le acerque al candidato, gente restándole al candidato posibilidades de ganar porque entiende que lo mejor para ellos, para sus proyectos, es que Miguel pierda las elecciones de mayo.

No es verdad que el PRD esté a la puerta del poder. No, no es cierto. Cerca está Leonel Fernández que es el presidente, que vive en el Palacio Nacional. El PRD tiene un largo trecho que recorrer. El PRD puede ganar, pero primero tiene que unirse, dejar la diatriba y el sectarismo, integrar a los dirigentes, militantes y simpatizantes sin importar a que grupo pertenezcan. La suma de voluntades, tanto dentro como fuera del partido, es fundamental para crecer y para arrebatarle el poder al PLD.

Es por ello que el candidato tiene que tomar la dirección y fiscalización de la campaña. La gerencia de la campaña no puede estar en manos inexpertas o infuncionales. Una campaña electoral es como una guerra, que tiene un comando o buró… Cada general o comandante tiene un escenario o región con sus tropas. Pero las órdenes las da el comandante, es decir, el candidato, con poder para destituir y sustituir a los que no cumplan con sus tareas, a los débiles, a los mediocres, a los que no tengan condiciones. No es de otro modo, Miguel Vargas tiene que tomar el control total de la campaña electoral.



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La Redacción
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