La austeridad no genera crecimiento, establece informe de la UNCTAD<br>




<b>Ginebra, 12 de septiembre de 2012 – En el Informe
sobre el Comercio y el Desarrollo 2012[1] se indica que, como predijeron los
economistas de la UNCTAD, la austeridad fiscal y los recortes salariales están
debilitando aún más el crecimiento en los países desarrollados sin lograr los
resultados esperados de reducción de los déficits fiscales, creación de empleo
y renovación de la confianza de los mercados financieros.</b>

El informe,
subtitulado "Políticas para un crecimiento
incluyente y equilibrado", se ha publicado hoy. Se centra
especialmente en la desigualdad de ingresos y señala que la reducción de las
disparidades cada vez mayores de riqueza e ingresos no solo reportará
beneficios sociales, sino que también hará que aumente el crecimiento
económico. (Véase UNCTAD/PRESS/PR/2012/31.)

En el Informe
sobre el Comercio y el Desarrollo 2012 se indica que muchos países
en desarrollo están promoviendo la demanda interna y el crecimiento con
políticas económicas anticíclicas, pero no pueden evitar una desaceleración y
son vulnerables al constante deterioro de las economías avanzadas.

La UNCTAD ha
advertido en los dos últimos años de que una serie de países desarrollados
están pasando demasiado pronto de las medidas de estímulo económico a los
recortes presupuestarios. En el informe se concluye que, al no haber un gasto
público suficiente que active en cierta medida los mercados nacionales, la ya
frágil demanda de bienes y servicios se ha estancado o debilitado aún más. En
lugar de aumentar la confianza de las empresas y los mercados financieros, este
planteamiento ha hecho que muchas empresas se muestren pesimistas de cara al
futuro y sean reacias a invertir en nuevas producciones o contratar a nuevos
trabajadores.

Tendencias
generales

Al examinar
las tendencias de la economía mundial, en el informe se advierte que el
crecimiento se está desacelerando en todas las regiones del mundo, lastrado en
parte por las medidas de austeridad que obstaculizan la demanda en los principales
mercados de los países desarrollados y, por tanto, reducen las perspectivas de
exportación de los países en desarrollo. Según el informe, si bien varios
países en desarrollo están adoptando continuamente medidas anticíclicas para
promover la demanda interna, estas no serán suficientes si el crecimiento no
repunta en las grandes economías avanzadas.

Las cifras
contenidas en el informe muestran que el crecimiento mundial cayó del 4,1% en
2010 al 2,7% en 2011. La UNCTAD prevé una nueva reducción en 2012, a niveles
inferiores al 2,5%.

En el informe
se prevé que el crecimiento en los países desarrollados caiga hasta un mero 1%
en el presente año, una combinación de una nueva recesión en la Unión Europea y
un crecimiento de alrededor del 2% en los Estados Unidos de América y el Japón.

Se prevé que
la expansión económica de las economías en desarrollo y en transición sea más
fuerte en 2012, de un 5% y un 4% respectivamente, pero también inferior a la de
años anteriores. Los países en desarrollo, impulsados por el progreso
registrado en varias grandes economías, dependen menos que antes de las
economías desarrolladas maduras y tienen una demanda interna más robusta.

El
informe señala que, entre 2006 y 2012, aproximadamente un 74% del crecimiento
de la producción mundial se generó en países en desarrollo, en comparación con
solo un 22% en los países desarrollados. En cambio, en los años ochenta y
noventa los países desarrollados representaban el 75% del crecimiento mundial,
proporción que disminuyó hasta poco más del 50% entre 2000 y 2006.

No obstante,
según el informe, los países en desarrollo siguen siendo vulnerables a la
disminución de la demanda de sus exportaciones en las economías desarrolladas,
algo que probablemente seguirá ocurriendo si se mantienen los programas de
austeridad, y especialmente a medida que sus consecuencias se sientan más en
Europa. Esta tendencia ya se refleja en el estancamiento de los volúmenes de
exportación a los mercados de los países desarrollados y en la disminución de
los precios de los productos básicos desde el segundo trimestre de 2011.
Además, el informe afirma que la inestabilidad financiera de los países
desarrollados está afectando a los flujos financieros hacia las economías
emergentes y aumentando la volatilidad inherente de los precios de los
productos básicos.

La UNCTAD ya
advirtió acerca de los programas de austeridad en 2010, afirmando que había un
error de diagnóstico de los problemas, que lo que dificultaba la recuperación
no era el aumento de la deuda pública, sino la falta de demanda interna. En el Informe
sobre el Comercio y el Desarrollo 2010 se advirtió que "existe un elevado riesgo de que la
supresión de los estímulos fiscales antes de que se restablezcan la inversión y
el consumo internos ponga en peligro la recuperación económica".

El informe de
este año señala que esos temores se han visto confirmados y que el principal
problema que obstaculiza la recuperación de la desaceleración económica mundial
lo constituyen las presiones que provoca la recesión en los países
desarrollados. Se trata, entre otras, de los ajustes en los balances en el
sector privado, de la elevada tasa de desempleo, que reduce los ingresos de los
hogares y afecta el consumo en los hogares, y de los esfuerzos prematuros de
los gobiernos para reducir su deuda. Esas políticas no solo se equivocan al
diagnosticar las causas de la crisis (los elevados déficits fiscales fueron el
resultado, y no la causa, de la crisis), sino que también subestiman las
repercusiones macroeconómicas negativas de unas políticas que limitan la
demanda en medio de una recesión.

En efecto, con un crecimiento balbuciente,
los ingresos fiscales y la reducción del déficit fiscal han sido inferiores a
lo previsto en varios países y no han logrado restablecer la confianza de los
inversores. Según el informe, si bien es necesario hacer frente al aumento de
la deuda pública, ello se logrará a largo plazo gracias al restablecimiento del
crecimiento y los ingresos fiscales.

Además, dado que debilitan aún más la
dinámica de crecimiento, las políticas de recortes salariales en los países
desarrollados tienden a aumentar el desempleo en lugar de estimular la
inversión y la creación de empleo. La reducción simultánea del costo de la mano
de obra en muchos países con fuertes vínculos comerciales entre sí no mejoraría
significativamente la competitividad en ninguno de ellos y sería
contraproducente al limitar la demanda interna en todos ellos, se afirma en el Informe
sobre el Comercio y el Desarrollo 2012.

El informe
destaca que, en tal situación, las reformas estructurales no pueden sustituir a
unas políticas macroeconómicas de apoyo. Sin embargo, pueden contribuir a la
recuperación cuando crean o refuerzan redes de seguridad social y aumentan la
función de apoyo económico del Estado, como está ocurriendo en varios países en
desarrollo. Según el informe, las reformas también deben abordar las causas
fundamentales de la crisis al reformar los sistemas financieros nacionales e
internacionales e invertir la tendencia al aumento de la disparidad de ingresos
que la mayoría de los países viene sufriendo desde principios de los años
ochenta. No obstante, se señala que las reformas propuestas actualmente en
varios países desarrollados (incluidas las políticas de flexibilidad laboral)
tienden a reducir aún más los salarios reales, limitar la demanda interna y
aumentar las disparidades de ingresos.



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La Redacción
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