De cambios

Manuel Hernández Villeta




Los cambios en la administración pública son una responsabilidad  del Presidente Danilo Medina. En las calles, muchos juegan a que se vuelen cabezas, en un ajedrez político donde no siempre se busca lo mejor para el pueblo.

Por Manuel Hernández Villeta

De hecho, lo importante no debe ser un cambio de hombres, sino de métodos de trabajo. Poco se gana poniendo a un burócrata por otro, si el nuevo no lleva debajo del brazo un paquete de acciones inmediatas.

Pero los funcionarios del tren gubernamental son subalternos, en cada puesto la línea maestra la traza el presidente y los  jefecitos son los encargados de llevarla a cabo.

En las graderías, la acción política se ve como un festín  de dolientes, es como si se pusieran velas para que se deje fuera de un despacho a un desafecto político, y pongan a un amigo, con el cual se pueda conseguir un empleo o hacer negocios.

Esa forma de ver la acción social y política tiene que ser cambiada. Se tiene que llegar a la etapa donde los programas de gobierno sean lo importante. Los funcionarios se pueden quitar en cualquier momento, pero tiene que existir un programa a cumplir.

Por siempre los funcionarios dominicanos han llevado su agenda en un librito debajo del brazo, el que se llevan cuando son cancelados, para que el nuevo comience de cero. La continuidad del Estado se rompe de forma macabra, entre los que sólo aspiran a cobrar a fines de mes.

Pasa lo mismo con el tema de la corrupción. Es piedra de agitación de partidistas, pero en la gran agenda nacional no está una lucha frontal y abierta contra la corrupción.

Inclusive, las grandes masas aupan la corrupción cuando preparan su lista especial de funcionarios y empresarios consentidos, en base a que den, y rechazan a los muy pulcros, diciendo que ni siquiera dan manteca de cerdos.

Hay corruptos y corruptores. En una sociedad como la nuestra, los listones negros de las indelicadezas van llegando a prácticamente todos los sectores y todos los corazones. Llegará el día en que nadie podría arrojar la primera piedra.

Para caer atrás a la corrupción, donde el sector privado juega uno de los principales papeles por ser un agente conductor que se quiere presentar libre de culpas, hay que fortalecer los estamentos de justicia, y los mecanismos de investigación.

No es que en cada esquina se instale un paredón moral, donde en vez de fortalecer la lucha contra la corrupción, lo que se hace es un sainete que sirve para aligerar culpas, y que el cohecho sea visto como algo gracioso por la mayor parte de la población.

Hay que lanzar la primera piedra contra la corrupción que enloda a todos los sectores de la vida nacional. Se busca un valiente que lance la primera piedra y esté libre de pecados.



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