No hay lugar en la tierra que esté protegido del ébola




«No dejes que las mentiras de Obama sobre el ébola de maten».

15 de octubre de 2014 – El anterior, es el encabezado de un volante del Comité de Acción Política LaRouche (LaRouchePAC) que circula ampliamente en Washington, DC, y en otras ciudades de Estados Unidos. El siguiente es el texto íntegro del mismo.

Hoy día, mientras que la pandemia del Ébola causa estragos en África occidental, las horribles fantasías de los genocidas imperiales británicos se convierten en realidad rápidamente, y es una realidad que se pudo haber evitado. A principios de la década de 1970, el estadista y economista estadounidense Lyndon LaRouche advirtió que las políticas económicas impuestas a África y al sector en desarrollo amenazaban con crear ambiente propicio para la creación de pandemias que no solo devastarían a África, sino que se diseminarían por todo el mundo. Pero esas políticas genocidas han seguido en pie por casi 50 años ahora, y es probable que toda la humanidad sufra las consecuencias.

Cuando este brote de Ébola golpeó a África occidental en marzo de este año, los países afectados gritaron por ayuda. Los expertos en salud en el mundo urgieron a que se tomaran medidas mientras que el virus podía todavía ser contenido. Ambos llamados fueron ignorados. Y ahora, esta espantosa enfermedad, para la cual no tenemos tratamiento, ni cura, ni vacuna; esta terrible enfermedad que tiene una tasa de fatalidad de más de 70%, está fuera de control.

La Organización Mundial de la Salud ha dicho que se han dado por vencidos en cuanto a tratar de generar estadísticas precisas sobre el número de personas afectadas y el número de muertos; que quienes proporcionan el tratamiento están tan abrumados como para molestarse en reportar estadísticas. Pero, dice, la tasa de crecimiento de la infección sigue aumentando y aumenta exponencialmente. De hecho, las estimaciones más recientes señalan que, si no se toman medidas urgentes y radicales, es probable que más de 1.4 millones de africanos sean infectados.

¿Dirán, pobre África? Pobre África, ciertamente. Pero, recuerden, el deseo declarado del imperio británico es reducir la población mundial hasta quedar en aproximadamente mil millones de habitantes. La política no se limita a África. Más aún, los virus nunca han respetado las fronteras nacionales, y nunca lo harán.

Ahora, cuando los casos de Ébola empiezan a aparecer en Estados Unidos y Europa que no están preparados, la terrible realidad se hace valer de manera inevitable: No hay ningún lugar en la Tierra que esté protegido de la diseminación de este virus mortal, o de uno como este. Durante el período de Barack Obama en el cargo, se han desmantelado las capacidades de salubridad, se han recortado las medidas de salubridad pública, se ha diezmado el presupuesto de investigación y se han reducido drásticamente los niveles de vida. Añádase a esto la política de guerras constantes, y el resultado es ineludible: estamos en vías de padecer una nueva Peste Negra. En verdad, debido a la globalización, esta nueva Peste Negra es probable que sea peor a la que experimentó Europa en el siglo 14.

¿Cómo ha respondido el gobierno de Obama? Con un montón de mentiras que deja a la población de Estados Unidos completamente vulnerable.

Nada más vean las mentiras más atroces diseminadas por Obama y prostitutas como Anthony Fauci, el director del Instituto Nacional de Alergia y Enfermedades Infecciosas. Primero, Fauci declaró que a pesar de que la EVE (Enfermedad del virus de Ébola) constituye una tragedia terrible para África occidental, nadie que reciba tratamiento en Estados Unidos es probable que muera de la enfermedad. Nada más un día después, Thomas Duncan sí murió. Obama y Fauci dijeron que no les preocupaba; que el Ébola no era muy contagioso, y que los hospitales de Estados Unidos estaban más que preparados.

Pero luego se dio a conocer que cuando Thomas Duncan llegó al cuarto de emergencia del hospital Texas Presbyterian con todos los síntomas del Ébola, y que incluso le informó al personal que recién había llegado de Liberia, ¡lo mandaron a su casa! Fue solo días después, cuando regresó al hospital casi muerto, que le dieron ingreso.

Solo te dijeron que eso había sido algo terrible. Pero el señor Duncan no se infectó aquí. Que esto no es África, después de todo. Que éramos capaces de contener cualquier caso particular que pudiera ocurrir. El doctor Fauci, que sí sabe, repitió que era muy difícil infectarse del Ébola. El Presidente Obama se fue a jugar golf.

Parte de las garantías que dieron era que el virus no se transmitía “por aire”. Todo lo que eso quiere decir es que el virus no existe en estado libre en el aire. Que es un virus que se transmite por los líquidos y que está presente en alta concentración en todos los fluidos del cuerpo, como la saliva y el esputo. ¿Traducción? Sí, se puede diseminar ciertamente con los estornudos o cualquier otra exposición al rociado aerosol de una persona infectada.

¿No se han preguntado por qué, si el Ébola es tan difícil de diseminar, aparecen miles y miles de casos nuevos en África occidental cada semana? ¿No se han preguntado por qué, cuando los trabajadores estadounidenses de la salud fueron regresados a Estados Unidos desde África occidental, fueron transportados en aeronaves equipadas especialmente por personal que usaba trajes especiales de biocontención?

Ahora dos miembros del personal médico que trataron al señor Duncan, están enfermos con el Ébola. Pero te dijeron que los hospitales de Estados Unidos tenían un protocolo y pabellones aislados que impedirían eso. Y te dijeron que quienes habían tratado al señor Duncan están bajo observación. Hoy día ya sabes que hay solo cuatro hospitales de Nivel 4 hospitales en Estados Unidos que pueden realmente hacerse cargo del Ébola. Y en cuanto a la observación y seguimiento, la segunda enfermera que se infectó obviamente no estaba bajo observación meticulosa. Luego de que murió Duncan, ella voló en un avión comercial a visitar a amigos y familiares a Cleveland, se enfermó allá, y regresó a Texas en un vuelo comercial.

Se puede decir mucho más, pero la línea de referencia es que se trata de una mala práctica criminal intencional. De parte de profesionales de la atención médica como el doctor Fauci, se debe a que es una prostituta. En el caso de Obama, se deba a que es, y siempre lo ha sido, una pieza de las mismas fuerzas imperiales británicas que fantasean con reducir la población mundial.

No hay modo de deshacer las políticas asesinas que se han impuesto a este pobre planeta por casi 50 años. Y, si, gente inocente seguirá muriendo a consecuencia de ello. La situación en África ya está fuera de control. Pero, con cooperación internacional urgente, y el equivalente de lo que el señor LaRouche llamaba una estrategia de Iniciativa de Defensa Biológica, por allá en la década de 1980, podemos todavía evitar una nueva Peste Negra a escala total.

El tiempo se hace cada vez más corto. Si hay alguna esperanza para nuestra nación, y para este mundo, Obama se tiene que ir. Si hacemos eso, las fantasías morbosas de Bertrand Russell, del príncipe Felipe, y de los genocidas imperialistas británicos, ¡se pueden enterrar de una vez por todas!



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