James Rodríguez: El colombiano del año

James Rodríguez en primer plano.




Por Félix Albisu

Bogotá (PL).- Todavía a los 23 años mantiene esa cara de niño espigado, algo cándido, pero así y todo, apunta a ser uno de los grandes del fútbol mundial: James David Rodríguez Rubio, colombiano.

En su país lo adoran. Impuso la «jamesmanía» en estos tiempos, como expresión de ese afán devoto por todo lo que hace en la cancha de fútbol, o fuera de ella. Y así acaban de designarlo como El Hombre del año en Colombia por tres de los más reconocidos medios de prensa de la nación andina.

Huérfano de padre y apoyado fuertemente por su madre Pilar Rubio y la herencia cultural de su padrastro, Juan Carlos Restrepo, en su carrera deportiva ha escalado bastante rápido al estrellato, lo que es una realidad con sólo llegar a jugar como regular con el multimillonario club español Real Madrid.

Debutó con la selección colombiana en el año 2011 y ya en el 2014 fue merecedor de la Bota de Oro de la Copa Mundial de Brasil, donde anotó seis tantos, con los que la escuadra de su país pudo alcanzar los cuartos de finales del torneo, la mejor actuación del cuadro cafetero en citas mundialistas.

Y lo de la «jamesmanía» no se trata de una exageración. Es exactamente delirio lo de los colombianos con el futbolista, así sencillamente.

Un ejemplo: a su abuelo lo atropelló en días pasado una motocicleta en un accidente de esos que ocurren por centenares en cualquier país mundo.

El tema del abuelo de James -casi sin mencionar el nombre del señor- estuvo en el candelero en la mayoría de los medios informativos de país durante toda una semana, incluidos partes médicos.

Hace solo días, el célebre futbolista sufrió una lesión de primer grado en el gemelo derecho en un partido de la liga de España contra el Celta de Vigo y el suceso no sólo fue noticia aquí de primera plana en la crónica deportiva, sino que el colombiano de a pie hablaba del asunto como si se tratara de un familiar.

Al menos así me ocurrió en Bogotá al tomar un taxi hacia el norte por la sinuosa Circunvalar de la cordillera. Apenas hablé del destino de la carrera, el conductor, como si nos conociéramos de toda la vida, me espetó: «Escuchó lo que le ocurrió a James, seguro estará ahora buen tiempo sin poder jugar».

Le aplicaron una resonancia magnética y lo más probable es que no pueda actuar en el Mundial de Clubes. Ojalá que Carlos Ancelotti lo pueda utilizar aunque sea para la final. Que vaina esa, ¿verdad?, concluyó el taxista medio angustiado.

El joven oriundo de Cúcuta, en el departamento del Norte de Santander, sigue siendo todavía una persona muy sencilla, natural.

Ahora que El Tiempo de Bogotá, El Espectador y la Revista Semana le otorgaron el egregio título, que normalmente acaparan políticos, intelectuales o empresarios, envió una carta pública a su país por el fin de año, que habla mucho de su estirpe.

El centrocampista junto a su esposa Daniela Ospina agradece a la afición el apoyo recibido durante la Copa Mundial y después de su contratación por el club español al que fue traspasado procedente del Mónaco.

El ex jugador del Envigado Fútbol Club, equipo de primera división con el que debutó el 10 de diciembre de 2006 -a los 19 años-, expresó asimismo que constituir un referente para otros jugadores colombianos que aspiran a llegar también a lo más alto, le genera una gran responsabilidad.

Recordó en la misiva su paso por el mundial de Brasil, del que conserva dos momentos inolvidables de aquellos días: su gran gol frente a Uruguay y el amargo pasaje de la eliminación de la Copa, después de la derrota ante los anfitriones, en un juego donde los árbitros actuaron mal, según sus propias palabras.

Con la herencia genética de su difunto padre futbolista (Wilson James), el escritor colombiano Héctor Abad Faciolince lo describió como un ser que nació predestinado para llegar muy arriba, si se examinan hacia atrás los pasos de su ascenso, cuando cada situación de la vida parece un peldaño natural en una subida que creemos inevitable.

Pero no todo es color de rosa en la vida del Hombre del año en Colombia. Como ocurre siempre con la fama, ya la industria de las candilejas le echó el ojo y también lo convenció para hacerlo más atractivo, para crearle un estereotipo.

Internet y no pocas revistas del corazón están cundidas de fotos del cucuteño posando en ropa interior, contratado por una famosa marca.
Ojalá que la celebridad no equivoque el camino de James, para que pueda llegar a ser un Maradona, Pele o Messi. Madera tiene.
cw/fa



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