El PRM no crece




Danilo Cruz Pichardo.

En momentos en que se perciben serios disgustos nacionales por los elevados índices de criminalidad, corrupción pública e impunidad, entre otros problemas, ninguna organización política opositora, de forma individual, ha capitalizado el descontento. Ni siquiera el Partido Revolucionario Moderno, principal de oposición, exhibe tendencia al crecimiento.

El presidente Danilo Medina, convertido en el nuevo líder del PLD y que en los últimos años contó con altas aprobaciones populares, conforme a estudios de organismos nacionales e internacionales, ha experimentado bajas significativas, las cuales se sienten en la población, aunque ningún colectivo partidario puede atribuirse recabar el descontento.

Naturalmente, hay que observar que en las manifestaciones cívicas, en rechazo a la corrupción y a la impunidad, se ha impedido el proselitismo político partidario y tratándose de una misión noble y decente ha motivado el apoyo hasta de personas vinculadas al oficialismo, que dicen enarbolar los principios del profesor Juan Bosch.

Pero independientemente de todo no conozco resultados de encuestas que den porcentajes superiores al 35% que la pasada JCE otorgó al PRM. Concomitantemente los medios de comunicación han reseñado, de mayo de 2016 a la fecha, la renuncia de varios alcaldes, regidores y diputados. ¿Qué está pasando en el PRM?

El PRM no es una organización democrática y abierta, aspecto que limita una estructura nacional y, por consiguiente, su crecimiento. Un litoral de su liderazgo teme a que le quiten el partido, lo que revela carácter privado empresarial. Se le añade que es un partido sin estatutos, sin himno y sin ideología, aunque el carácter conservador y clasista adorna a sus dos figuras principales. (Sólo hay que ver el despliegue propagandístico que ofreció Abinader a su asistencia a la toma posesión de Donald Trump).

Se comenta internamente que el presidente del PRM es un hombre que no da “ni frío ni calor” y que Luis Abinader es un tipo ingrato y de sonrisa fingida. Sin embargo, el posible mayor obstáculo para el crecimiento del PRM no serían Andrés Bautista ni Luis Abinader, se trata de Hipólito Mejía, carismático e inteligente —para hacer chistes y salir con ocurrencias hay que ser inteligente—, pero se le observa como un político obsoleto y desacreditado (con alto rechazo en la población), lejos de ser un referente para los nuevos votantes, que ha dejado sorprendido a todos al anunciar que “buscaría la ñoña” para el 2020.

Mejía fue presidente de la República durante el período 2000-2004 y su partido de entonces, el PRD, tenía control de todos los resortes del Estado, tal como lo tiene el PLD ahora, pero desaprovechó la oportunidad de hacer cambios y transformaciones económicas, sociales y políticas. Hizo un gobierno constituido por agrónomos, compadres, galleros y militares trepadores. Para colmo se pasó los cuatro años relajando y, finalmente, tuvo la osadía de reformar la Constitución para optar por otros cuatro años.

Y desde que Danilo Medina llegó al poder político en el 2012, a Hipólito Mejía se le atribuye ser un aliado del gobierno, resaltando en múltiples ocasiones las ejecutorias de la presente administración, elogios que se interpretan como una postura dualista al provenir de un prominente líder de una organización opositora.

En la falta de crecimiento del PRM inciden diferentes variables, pero el protagonismo de quien se autocalifica su socio mayor, Hipólito Mejía, podría ser de primer orden, toda vez que se le percibe como un hombre que le pasó su tiempo y no tiene nada que ofertar.