La Segunda “Revolución Inminente” de Fafa Taveras




Reincide en Confusión de Coyuntura Política y Social

RAFAEL MENDEZ
(Periodista-Diputado)

“…y dime en qué quedó la Revolución Inminente de Fafa”, me preguntó con un alto dejo de sarcasmo un dirigente de la izquierda mexicana por allá por el año 1992, en Holanda, donde participábamos en un curso patrocinado por la corriente de los trotskistas, desde luego, mi interloculotor como expositor.

La interrogante del distinguido maestro estaba referida a la revolución inminente, se supone que armada, vaticinada y proclamada por el entonces dirigente comunista dominicano, Rafael-Fafa-Taveras, líder del Bloque Socialista, luego de los acontecimientos que el profesor Juan Bosch llamó la poblada de 1984).

Y si por cosas de la vida “y como del destino son”, como entonaría un viejo cantante del patio, me encontrase con ese, ha de suponerse ahora viejo militante comunista, (auguro la esperanza de tener el alto honor de verlo a finales de este mes en México, donde se celebrará la XXI Conferencia del Partido del Trabajo), y me formulara la misma pregunta, por estar la República Dominicana en medio de un clima de reclamo y movilización social por los escándalo de la empresa brasileña Odebrecht, qué podría responderle…

Me permito acudir al Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, y ahí encuentro que el término Inminente significa “que está a punto de suceder o que está muy próximo en el tiempo”, que es como el respetado Rafael-Fafa-Taveras interpretaba la coyuntura política de la República Dominicana luego de la poblada de abril de 1984, durante el Gobierno de Salvador Jorge Blanco.

Entiendo importante aclarar el término “inminente” para refrescar el concepto de la definición de la manera más propia posible, pero al mismo tiempo entiendo que no es necesario entrar en detalle en relación a la definición de la palabra Segunda, que para el caso que nos ocupa estamos advirtiendo que es la segunda vez ( en el 1984 y en la coyuntura actual-2017) que el ahora analista político reincide en ver la revolución como un hecho inexorable, según se desprende de las premoniciones que a diario advierte.

Y para una definición, libre de ideologías y fundamentalismo, me valgo de Wikipedia, quien me dice que revolución es el “cambio o transformación radical y profunda respecto al pasado inmediato”, que para el caso que nos ocupa es en términos sociológico una caracterización de la coyuntura política y social, o puede ser una premonición que algunos definen como “la supuesta capacidad de conocer hechos con anterioridad a su acontecimiento”.

Poblada como respuesta popular 1984
La protesta o poblada nacional, como indistintamente la definición de politólogos y sociólogos, entre los que cabe destacar al profesor Juan Bosch, quien definió ese acontecimiento como poblada, lo que se produjo los días 23, 24 y 25 de abril de 1984, durante el Gobierno de Salvador Jorge Blanco, quien decía gobernar con un pie en el Partido Revolucionario Dominicano y otro en el Palacio Nacional.

Esa protesta nacional o poblada estuvo motivada por los altos precios de los alimentos de primera necesidad, en muchos casos elevados como palo acechado; la corrupción política imperante, la devaluación del peso dominicano, la adopción de medidas draconiana de austeridad y un muy bajo crecimiento del Producto Interno Bruto.

Y hay que añadir que esa dramática realidad nacional o se complicaba con el aumento de los precios del petróleo y por ende con el encarecimiento de los productos de primera necesidad, y la firma de un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, con su cuela de “política de Shock” enarbolada por el “guardián de la economía mundial” en desmedro de los intereses populares.

Como síntesis de la caracterización de la coyuntura política y social que precedió a los hechos de abril del 1984, se añade la inestabilidad política, caída estrepitosa del apoyo popular a la gestión del Gobierno perredísta y una inflación por encima del 700 por ciento, pero también un profundo nerviosismo y una total falta de confianza en las autoridades de turno.

La desconfianza de la población en las autoridades de ese entonces llegó al extremo de que cuando se anunciaba que el presidente Jorge Blanco se dirigiría al país se creaba un nerviosismo tal en la población que abarrotaba los mercados previendo aprovechar precios porque lo común era que el mandatario, además de las anti pueblo se sabía les caería encima del lomo, advertía con aire triunfal que “lo peor no ha llegado”, con lo que siempre terminaban los discursos como reiteradas de buenas nuevas.

El Gobierno de Salvador Jorge Blanco, sofocó esa legítima revuelta popular con un saldo de más de 125 muertos, según cifras oficiales del gobierno, pero que para muchos medios de prensa nacional e internacional, sobrepasó las 200 víctimas, en tan sólo tres días, consecuencia del gatillo alegre de las tropas especializadas del ejército pasamontaña que sustituyó a la Policía Nacional, en el aplastamiento de los enfrentamientos con las masas en las calles, caminos y carreteras de todo el país.

Esas fuerzas especiales traídas para sofocar a tiros las manifestaciones, que llegaron hasta los alrededores del Palacio Nacional, con la quema de gomas en la calle Delgado, se dijo que fue una decisión inducidas por algunos sectores del oficialismo que entendieron que el creciente aumento de la protesta popular no les quedaba otra alternativa que acudir a la acción de la fuerza militar para evitar la caída del régimen.

Caracterización de coyuntura 1984
Como líder de una parte de las tantas fracciones de la izquierda dominicana para ese entonces, Fafa Taveras caracterizó la coyuntura nacional como pre-revolucionaria, en la que se vislumbraban reales y efectivas condiciones objetivas y subjetivas, que preludiaban la inminencia de la revolución, ya que estos acontecimientos de abril del 84 estuvieron precedido de más de un año de denuncias y protestas en todo el país
Otros sectores de la izquierda dominicana, no asumían la inminencia de la revolución, talvez para no coincidir con el sector de Fafa Taveras en los mismos términos, pero entendían que la coyuntura preludiaba la revolución “para las presentes generaciones”, aunque todos coincidían que la coyuntura obligaba a privilegiar lo militar sobre lo político, lo que significaba prepararse militarmente para tomar las armas, como medio para alcanzar el poder.

Cuadros importantes de la izquierda corrieron a los barrios de las ciudades y los campos a ponerse a la vanguardia del levantamiento popular del 1984, que por cierto fueron rechazados porque eran unos desconocidos en esas luchas por las reivindicaciones comunitarias y sociales más sentidas.

Luego del levantamiento espontánea de las masas del país, y el rechazo que recibieron en los sectores populares, las distintas facciones de la izquierda abrazaron como táctica y medio para direccionar el proceso revolucionario en marcha, la formación en todos los rincones del país, de los Comités de Lucha Popular, en lo que más que empujar en la misma dirección para hacer realidad las reivindicaciones populares, se inició el combate por quien centraba esas instancias.

Ni es lo mismo ni es igual 2017
No hay que ser un experto en economía y en análisis de coyuntura para establecer de manera incontrastable que en la República Dominicana actual hay una sostenida estabilidad cambiaria, una sostenida estabilidad de precios, y un crecimiento por encima del promedio regional. Mucho menos tenemos en el país un FMI presionando por un acuerdo para salvar, devolver y garantizar la estabilidad de la economía y la confianza en la gente, como sucedía en los gobiernos del PRD.

Partimos entonces de que la caracterización de la coyuntura política y social actual no presenta señales de crisis económicas, y muchos menos estamos en presencia de situaciones que preludien una crisis política de imprevisibles consecuencias, ni mucho menos estamos en presencia de una estrepitosa caída de la popularidad del régimen, y mucho menos una estrepitosa caída de la popularidad del partido de Gobierno.

En síntesis: A nadie que tenga dos dedos de frente se le podrá pensar o plantear que en la República Dominicana están dadas las condiciones para un cambio de Gobierno violentando los medios y los procedimientos establecidos en la Constitución y en la leyes de la República, aun cuando no se puede negar la existencia de un legítimos y crecientes reclamos de la sociedad que exige más transparencia en el manejo de los bienes públicos.

La Reincidencia de Fafa

Escuchar diariamente a Fafa Taveras advirtiendo sobre la coyuntura actual no deja ni la más remota dudas de que para el acucioso analista y respetable figura de la historia reciente, la coyuntura política y social actual de la República Dominicana es un fiel retrato de la situación vivida por el país durante los dos primeros años del gobierno de Salvador Jorge Blanco.

Y en sus enjundiosos análisis de la coyuntura política y social, reitera la premonitoria advertencia al Gobierno del presidente Danilo Medina que de no cambiar el rumbo que sigue su administración tendrá que atenerse al inminente desbordamiento popular y al incontrastable rodillo de la historia que pende como espada de Damocles sobre sus hombros y sobre su popularidad.

Teniendo como premisa la visión y concepción, como se expresa en los párrafos anteriores, no es aventurero que Fafa termine implícitamente creyendo, lo que se infiere de sus argumentaciones, que están dadas las condiciones objetivas y subjetivas, y que por lo tanto, estamos en presencia de una revolución inminente, y que para actuar en consecuencia, lo que se impone es priorizar lo militar sobre lo político.

En síntesis: Al amigo y respetado Rafael-Fafa-Taveras solamente le falta llamar al pueblo a prepararse para empuñar las armas, para deponer el gobierno ilegímos de Danilo Medina y del Partido de la Liberación Dominicana, pero su encendido y vehemente verbo parece que se encamina a producir esa proclama en cualquier momento.

Marzo de 2017



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