La relatividad, empatía o puntos de vista,…




Recientemente se ha desatado un debate en nuestro país y en las redes sociales a raíz de una situación que vivió Angelita García de Vargas, mujer del Canciller dominicano Miguel Vargas Maldonado. Me enteré de esta situación en una conversación con mi madre y no por las redes en sí. Ella utilizó palabras como «machismo», «violencia de género» y no pude evitar investigar más al respecto, porque no entendía la relación del machismo con que una mujer estuviese bailando y cantando en un vuelo.

He visto el video,… y lamentablemente también los comentarios y debate con la opinión de la gente. Sinceramente, algunos habría preferido no haberlos leído.

En el vídeo aparece una mujer con un celular en la mano bailando (elegantemente) el tema de moda «Despacito», un público expectante y una voz (del que graba) animándola a continuar. Aparentemente un ambiente distendido, muy familiar, nada que sobrepasara los límites ni invadiese el espacio de nadie. De repente una voz interrumpe el momento informando que había «gente intentando hablar con sus familiares» y que si «por favor podrían apagar la música». Las palabras del señor suenan inicialmente amables: explica qué le ocurre y solicita con palabras educadas el parar la música, pero el tono se va incrementando y sale su enfado a medida que se va acercando a la mujer que bailaba. La persona que graba le indica «que no es necesario subir así el tono de voz, que se está dirigiendo a una dama» y él contesta «que solo estaba intentando asegurar que se le entendiese«.

En otro vídeo posterior la persona que graba explica que llevaban 3 horas encerrados en el avión, que el ambiente ya era muy aburrido y que empezaron a «hacer chercha».

Mi imaginación se desata e intento ver dos escenarios. El primero es el de una mujer con un carácter positivo/alegre, que emprende un vuelo quizás de retorno a su país de origen por motivos personales o vacaciones, aparentemente rodeada de gente que la conocía y despreocupada de una imagen. En el segundo veo un hombre más nervioso, con una serie de preocupaciones, quizás con un objetivo específico de viaje y algo de prisa.

Puedo imaginar otros miles de escenarios más y cada uno tendrá un punto de vista diferente y quizás si conociésemos la historia de cada uno podríamos entender mejor e incluso llegar a posicionarnos a favor de uno u otro en función también de nuestra propia realidad (educación, género, experiencias personales similares,…). Miles de factores influyen.

Independientemente de lo que pueda imaginar, hay varias cosas que están claras y son reales: La primera es que todos somos humanos y tenemos nuestras situaciones personales, vivimos un momento y es imposible que sepamos en cada situación lo que está pasando o pensando la otra persona. Lo segundo es una frase que nos encanta a las mujeres, no importa lo que digas, sino cómo lo digas. Y tercero, como dice esa frase de Benito Juárez que tan bien nos enseñaron desde muy pequeños en el colegio, «el respeto al derecho ajeno es la paz».

Por último, no puedo evitar pensar en qué momento se meten por medio palabras que hacen referencia a la violencia de género, cuando hablamos de una pequeña diferencia entre dos/tres personas. ¿Es que acaso habría sido diferente si en lugar de una mujer habría sido un hombre el que se pone a bailar? ¿Se habría atrevido el Sr. anónimo a dirigirse a él e ir subiendo el tono tal y como lo hizo? ¿O hubiese controlado su «carácter» y habría terminado la solicitud sin subir el tono de voz?



About the Author

Andrys Peña
Dominicana-Española, Lic. Administración y Dirección de Empresas por la Universidad Politécnica de Valencia (UPV sede EPSA-Alcoy). Especializada en Promoción Comercial y Área de Compras en el sector servicios e industrial.