Un panorama devastador

Manuel Vólquez, periodista.




Los suicidios de personas menores y adultas, inducidos o no, continúan registrándose en la República Dominicana a ritmo acelerado. Las causas de esas desgracias son numerosas y tal parece que no hay forma de pararlos.

El alarmante crecimiento de esas formas de morir es un tema que ha preocupado a profesionales de la conducta, organizaciones internacionales y a entidades de la sociedad civil. El flagelo está penetrando con fuerza en niños y adolescentes, aunque muchos casos no se registran en las estadísticas, dice la Organización de las Naciones Unidas.

Ahorcamientos, uso de las armas de fuego y el envenenamiento, son los principales métodos utilizados por los dominicanos y los habitantes de otros 47 países de la región para quitarse la vida, según un informe de las organizaciones Panamericana de la Salud y Mundial de la Salud.

En el primer semestre de este año 269 personas han muerto por esa vía, una frecuencia que se ha mantenido constante en el último decenio, con un total de 5,664 fallecidos por esa causa y a razón de tres cada dos días. Estas cifras conmovedoras las maneja el colega periodista Juan Salazar en un trabajo de investigación.

El suicidio es una realidad tan devastadora que cada 40 segundos ocurre uno en el mundo, teniendo como síntoma elemental la depresión, según estudios de organismos internacionales.

¿Quiénes son candidatos al suicidio? Cualquiera, usted o yo, que se sienta desesperado, acorralado por falta de empleo, con muchas deudas, problemas familiares o sentimentales, rechazado a causa de alguna patología incurable, abandonado a la suerte en un asilo o en un hospital.

De acuerdo con datos de la Oficina Nacional de Estadísticas (ONE), la tasa nacional de suicidio ha aumentado en casi un 32% desde el año 2000, pasando de cinco por cada 100 mil habitantes mayores de cinco años a casi 7 en 2014.

Si se comparan los números absolutos, los casos han aumentado un 55%, al pasar de 359 en el año 2000 a 557 en 2014.

El 30 de 0ctubre del 2016, se reportó que en los primeros nueve meses de ese año 420 personas se quitaron la vida. En un 6% aumentaron esas muertes ese año con relación al 2015, según el Observatorio de Seguridad Ciudadana de la República Dominicana, adscrito al Ministerio de Interior y Policía.

Lo que más preocupa es el incremento de suicidios en niños de ambos sexos, tras ser regañados, castigados, por sus tutores o por nostalgias generadas por la muerte de los padres u otros seres queridos.

En ese año, la doctora María Nerys Pérez Ramírez, presidenta de la Sociedad Dominicana de Psiquiatría, explicó durante la celebración del XVIII Congreso Dominicano de Psiquiatría que la sociedad está en crisis y que uno de los principales factores es la variable socio-económica. Considera que en República Dominicana hay un problema serio de pobreza y de falta de oportunidades, por un lado, y, por el otro, la depresión como un componente de salud.

El último informe de las organizaciones Panamericana de la Salud (OPS) y Mundial de la Salud (OMS), 2016, que incluye a República Dominicana, dice que en las Américas se producen 65,000 defunciones anuales por suicidio.

En el país, el 57% de los suicidas lo hacen ahorcándose. Mientras a nivel regional la asfixia fue el 39,7%, las armas de fuego (33,3%) y el envenenamiento (18,2%).

Frente a este panorama, los psicólogos nuestros, así como de otras organizaciones sociales expertas en la conducta humana, piden una intervención urgente del Estado a través de sus instituciones competentes. Es un buen intento, una propuesta humanitaria, que le entra al Estado por un oído y sale por el otro. A la clase política, principal responsable del problema, no le conmueve esa realidad.

Los suicidios son un problema de salud pública y, por naturaleza, un asunto de Estado que debe enfrentarse eliminando las causantes explicadas en párrafos anteriores.