¡El PRM a las calles!

Juan Taveras Hernández, autor.




El Partido Revolucionario Moderno tiene una oportunidad extraordinaria para sacarle beneficio político a la crisis institucional que vive el país donde dos de los poderes del Estado están subordinados al Ejecutivo propiciando un ambiente de corrupción y de impunidad sin parangón en la historia republicana de la nación.

Jamás hubo tanta corrupción ni tanta impunidad como en los gobiernos del Partido de la Liberación Dominicana. La malversación que se produjeron durante las gestiones del Partido Reformista y Partido Revolucionario Dominicano era cosas de niños si la comparamos con lo que sucede hoy día.

El PLD ha hecho de la corrupción y la impunidad un sistema que le ha permitido controlar todos los poderes del Estado incluyendo poderes fácticos como la prensa y las iglesias, en especial la católica, alejada cada vez más de los postulados del Papa Francisco, con el único propósito de mantenerse indefinidamente en el poder. Una especie de partido hegemónico.

Los desmanes del gobierno son cada vez mayores. Sin embargo, no encuentra respuestas de la oposición que parece dormir esperando la campaña electoral olvidando que “camarón que se duerme se lo lleva la corriente” y que el PLD tiene los recursos económicos y el control de las instituciones del Estado, incluyendo las Fuerzas Armadas y la Policía, para mantenerse en el Palacio Nacional, con votos o con botas.

El PRM tiene una oportunidad única, de oro, para sacar al PLD del poder con un gobierno desacreditado cada vez más; un presidente “cuesta abajo en su rodada” las “visitas sorpresas” y otras acciones de carácter demagógicas diseñadas por los expertos en marketing político (No dudo que sean Joao Santana y el hijo) para que su imagen no siga precipitándose. Aún Danilo tiene un 40 cuando debería tener un 5% de popularidad.

Insólitamente el PRM está haciendo una “oposición rosa” que no lástima al gobierno ni con los pétalos. Una oposición en extremo “light”, sin ton ni son, que no lástima, que no lacera, que no hace daño; una oposición temerosa, conservadora y timorata; una oposición con notas o conferencia de prensa que ya hartan a los jefes de redacciones de los diarios y a los periodistas que “cubren la fuente”.

El PRM está inmerso en “trabajos internos” para reestructurar sus órganos y darse una nueva dirección para ver luego quién gana la convención, si Hipólito Mejía o Luís Abinader. Mientras tanto el PLD se traga el país. Creo, no obstante, que el PRM puede realizar ese trabajo y al mismo tiempo oposición, seria, frontal, sin miedo a los embates del oficialismo y sus bocinas.

El PRM no puede seguir oculto tras el Movimiento Verde o de cualquier otra entidad de la sociedad civil. El PRM tiene que ser vanguardia de la lucha popular, no retaguardia. Un partido con ambición de poder no se queda rezagado, no camina a pasos de tortuga temiéndoles a “tiburones podridos”. Camina veloz, corre, salta y vuela si es necesario tras la meta. A nadie le regalan el poder. El PLD es un monstruo que hará cualquier cosa para no caer.

El PRM debe tomar el toro por los cuernos. Hipólito tiene que ser más aguerrido, decidido, enérgico, convirtiéndose de nuevo “en el guapo de Gurabo” aprovechando su liderazgo y su condición de ex presidente de la República. Luís también debe asumir su rol como joven político reserva moral y política de su partido y del país con grandes aspiraciones.

Unir al PRM para unir a todas las fuerzas opositoras es una tarea que no puede esperar. Formar un Frente Único Opositor, que tenga candidatos comunes y un programa de gobierno amplio es un deber.

La tarea principal de los dirigentes políticos y sociales, comprometidos con el futuro de la patria, más allá de cualquier diferencia política coyuntural, es sacar al PLD del poder para iniciar una reconstrucción nacional económica y moral. El PRM debe dar el primer paso. ¡Manos a la obra! ¡El PRM en las calles!



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Juan Taveras Hernández
JUAN T H Periodista de vieja daba, arrepentido de la profesión por lo tanto que se ha degradado; abogado sin ejercer por verguenza propia, más loco que poeta y viceversa, que no es lo mismo, pero es casi igual. No está orgulloso de haber nacido donde nació. Pero ni modo...