La democracia al interior del partido político

David la Hoz, abogado y profesor universitario.




De conformidad con la Constitución vigente, los partidos políticos son el sostén del sistema democrático, refiere el artículo 216 de la misma que: “La organización de partidos, agrupaciones y movimientos políticos es libre, con sujeción a los principios establecidos en esta Constitución. Su conformación y funcionamiento deben sustentarse en el respeto a la democracia interna y a la transparencia, de conformidad con la ley. Sus fines esenciales son:1) Garantizar la participación de ciudadanos y ciudadanas en los procesos políticos que contribuyan al fortalecimiento de la democracia; 2) Contribuir, en igualdad de condiciones, a la formación y manifestación de la voluntad ciudadana, respetando el pluralismo político mediante la propuesta de candidaturas a los cargos de elección popular; 3) Servir al interés nacional, al bienestar colectivo y al desarrollo integral de la sociedad dominicana.”

Así, la organización de partidos, agrupaciones y movimientos democráticos es libre, sostiene la Carta Magna. La palabra organización es aquí un concepto que envuelve ciertas características que determinan una operatividad, una conformación, un proselitismo y el sostenimiento de un ideal, en tanto características que distingue a cada partido político de otros partidos, pero también de otras sociedades, por ejemplo, comerciales, culturales, cooperativas, de gestión de derecho de autor, de consumidores, de profesionales, sindicales, etc. De donde se infiere que al poseer una personería que se obtiene luego de presentar una documentación que avala un porcentaje de militancia y de ciudadanos que simpatizan con las características de la organización política, pueden obtener el reconocimiento de la entidad llamada a determinar su conformidad con la ley y la constitución.

Incluso, los estatutos conllevan una serie de deberes y derechos conforme a la responsabilidad que se asume en los mismos, por ejemplo, en las más recientes elecciones de acroarte, entidad que agrupa a los cronistas de la farándula, se incoó un recurso o acción de amparo cuando la directiva saliente pretendió impedir el derecho al voto de una parte importante de su membresía alegando el incumplimiento de normas internas que les cesaban o bien inhabilitaban, supuestamente, para ejercer su derecho a sufragio al interior de esa entidad. Pero, obsérvese que la condición que esgrimieron los reclamantes, fue la de pertenecer a Acroarte, de donde se infiere que aquel que no pudiere demostrar una membresía cierta y verificable, no calificaba para poseer y ejercer derecho a votar.

Las agrupaciones políticas poseen una membresía grande o pequeña que es la que determina su vida interna, y al igual que en Acroarte, quien no posea esa calidad, no forma parte de la vida interna del partido. Es así como se compacta la adhesión, la pertenencia a una corporación de cualquier naturaleza. Es más, durante el siglo XIX, que fue el siglo en que aparecieron los partidos políticos, dichas agrupaciones se clasificaban de diversos modos y la cohesión interna que lograron fue lo que les permitió ingresar al siglo XX. Este siglo, el XX, conoció nuevas modalidades de partidos que hacían más contundentes los requisitos de ingreso y permanencia, pues los partidos socialistas y comunistas hicieron galas de creatividad partidaria, ejemplo que pronto fue seguido por la centro-izquierda, la centro-derecha y ambos extremos.

Desde siempre, la democracia interna ha sido la mayor preocupación de los politólogos que han analizado el tema, desde Lenin quien explicó las diferencias entre Jefes, partidos y masa, hasta Caetano Mosca, quien se preocupó por las élites al interior del partido hasta Rosa Luxemburgo, quien trató de establecer que la esencia del partido era su capacidad de ejercer la democracia interna como un atributo exclusivo de la clase obrera, de las bases.

En nuestro país, quien más ha escrito sobre la vida interna de los partidos políticos y fundador de las dos principales agrupaciones políticas del siglo XX, profesor Juan Bosch, estableció que el núcleo central del partido era el centralismo democrático, es decir que todo cuanto fuere línea política del partido, debía ser aprobada por las bases del partido requisito sin el cual, no podría el comité político poner en movimiento una línea política, la cual, las más de las veces, debía ser el resultado de un congreso interno o de una asamblea. Joaquín Balaguer quien no tuvo partido pero si una gran maquinaria electoral, sometía la misma a los dictados de las bases por medio de aclamaciones.

En la teoría y praxis partidaria de Bosch, las purgas post electorales, permitían aprobar cambios sustanciales en la línea política, pero nunca se recurrió a democracia externa. Es cierto, en el modelo de Balaguer, los partidos evolucionan hacia maquinarias de electores, a partidos atrapa todo, pero una cosa es la búsqueda del voto nacional y otra muy diferente, la democracia interna de los partidos.

Italia con Lelio Basso a la cabeza, conoce una incesante conformidad de los partidos con la noción que la Constitución tiene de ellos, es decir, si son el sostén de la democracia no pueden ser antidemocráticos, al revés, están compelidos a practicar la democracia interna como condición sine qua non para cumplir su rol. Este autor (Lelio Basso) sostiene que ello no es necesario que provenga de un mandato constitucional o legal sino que entiende que es un principio a aplicar por los partidos si realmente son el sostén de la democracia.

Si bien Luigi Ferrajoli plantea que en la actualidad, la democracia se encuentra en peligro precisamente por aquellos que están llamados a preservarla, la dosis que sugiere no es de menos democracia interna sino de más democracia interna, o, como dice la Constitución dominicana: Su conformación y funcionamiento deben sustentarse en el respeto a la democracia interna y a la transparencia, de conformidad con la ley. De donde se infiere que el constituyente quiso evitar que la degradación de los partidos al perder soberanía interna por ausencia de praxis democrática a su interior, terminará por dejar al sistema democrático sin su soporte esencial. DLH-9-10-2017



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David La Hoz

David la Hoz es abogado, experto en derecho de autor.