La controversia de la Inteligencia Artificial

Manuel Vólquez, periodista.




La adopción de herramientas de Inteligencia Artificial en las empresas va en aumento en Latinoamérica, aunque aún no ha llegado a la etapa de maduración. Esta iniciativa genera preocupación ante los cambios que conllevan los avances tecnológicos.

Manuel Vólquez

Manuel Volquez, periodista.

Esas habilidades tienen el propósito de resolver problemas complejos dentro de una empresa, que no pueden ser resueltos a través de un asistente virtual, según explica Claudia Siller, directora de ventas corporativas de Aivo, empresa que ganó este año el Intelligent Assistant Award (premio a la inteligencia asistida) por un software de contestación automatizada de la telefónica Movistar.

El uso de esa tecnología en llevará a una mayor especialización de las actividades asignadas, agrega Clayton Da Silva, director de soluciones de consultoría en Zendesk Latinoamérica, especializada en software de soporte para actividades como call centers (centros de llamadas) y cuyas ventas han crecido 30% en el último año. O sea, según ese genio, no hay que preocuparse por los despidos.

Comparto la opinión de que la nueva era digital implica “una reconversión de las funciones, expectativas y competencias de los colaboradores”, pues se empieza a dar un esquema donde el clásico modelo de organización ya no funciona. Ahora se habla de “modelos ágiles y colaborativos”.

Así que las habilidades de la gente también comienzan a evolucionar. Yo diría que deben desaprender, es decir, renovar los conocimientos adquiridos para no quedarse retrasado en el tiempo y seguir el camino de los nuevos emprendedores mundiales.

Para las empresas que trabajan con migrantes digitales, la adopción de estas tecnologías puede ser un poco más compleja.

Inmigrantes digitales son todas aquellas personas que nacieron antes de mediados de los noventa, antes de la era digital, esto es; pre-digital, por lo que están atados a una lengua materna diferente a los que utilizan los nativos digitales.

Para ellos, se recomienda identificar los objetivos de la implementación de la Inteligencia Artificial y la estrategia de cómo se transformará el negocio, para poder conectar los lineamientos con la cultura empresarial y qué planeación de la fuerza de trabajo se requerirá.

También, “crear planes de comunicación para que las generaciones que interactúan lo hagan de manera correcta, ya que todas se relacionarán con la nueva herramienta y es necesario que se adapten de manera eficiente; definir cuáles son los modelos de desarrollo de talento. Es necesario identificar las habilidades que más se requerirán ahora que algunas actividades se automatizarán”. Los especialistas en estos asuntos señalan algunas como la comunicación, la empatía, el trabajo en equipo o la intuición.

Además, hay que identificar quiénes son los líderes funcionales que ayudarán a la migración a los nuevos procesos y quiénes lo harán desde un plano secundario.

La inteligencia artificial, sin dudas, va a desplazar de sus empleos, con robots, a muchos humanos profesionales, lo que generaría grietas severas en los presupuestos familiares y tal vez una patología emocional en las personas que han asistido a las universidades a capacitarse en las diferentes ramas del saber.

Claro, en términos prácticos y económicos, un robot resultaría más rentable y productivo para una empresa, pues las compañías ya no se verán obligadas a pagar sueldos elevados, seguridad social ni otras reivindicaciones sugeridas por los empleados en los contratos laborares, como son pagos por despidos arbitrarios o justificados, vacaciones y licencia post natal. Tampoco enfrentarán huelgas.

Naturalmente, y es tal vez lo más esperanzador por ahora, un robot no podrá hacerlo todo solo. Tendrá que trabajar con el hombre, pues su funcionamiento dependerá del humano, su creador.