Freddy Ginebra

Juan Taveras Hernández, autor.




Debo haberlo conocido –o por lo menos saber de su existencia- en 1974 durante aquellos gloriosos “Siete Días con el Pueblo” que organizaron la Central General de los Trabajadores, que dirigía Francisco Antonio Santos, y muchas otras entidades sindicales, culturales, políticas, campesinas, estudiantiles, intelectuales, entre otras.

Juan Taveras Hernández

Juan Taveras Hernández, periodista.

Para entonces yo era dirigente de la Federación de Trabajadores de la Construcción, en mi condición de Ebanista, dirigente de la Unión de Estudiantes Revolucionarios (UNER) y militante de la Línea Roja del 14 de Junio, hijo de un zapatero y de una ama de casa que vivía frente al Liceo Juan Pablo Duarte.

Siendo niño lo vi en programas de televisión dirigidos a la juventud, con 19 o 20 años. Nunca olvido “Dígalo como pueda”. Tenía –y sigue teniendo- mucho sentido de humor y gracia para decir las cosas. No era casual. Proveniente de una familia de clase media relativamente, estudio derecho, periodismo, filología, marketing y muchas otras cosas. Se hizo dueño de una de las agencias publicitarias más importantes del país, incluso dirigió la entidad que aun las agrupa.

No sé desde cuando me consideré su amigo; tal vez desde 1944 cuando nació y yo no era ni un piropo, pero lo cierto es que siempre le he tenido admiración, respeto y cariño, porque es un ser humano al que “nada le es ajeno” y todo le es propio. Una vaina rara que vemos en pocos especímenes de su naturaleza.

Casa de Teatro, que es una entidad forjadora de cultura, se fundó precisamente en 1974. No recuerdo el mes, pero lo que si recuerdo es su respaldo entusiasta a las actividades artísticas sin distinguir ideologías. En la casa de la cultura, que es Casa de Teatro, los amantes de la libertad y la justicia pudimos ver a los más famosos cantautores latinoamericanos que al mismo tiempo estuvieron en “Siete Días con el Pueblo” respaldando al pueblo dominicano contra la dictadura del doctor Joaquín Balaguer.

Muchos artistas del canto, la música, el baile, el teatro, las artes plásticas, etc., se dieron a conocer en Casa de Teatro, porque sus puertas siempre han estado abiertas al talento joven, sin hacer un negocio que lo enriqueciera. La riqueza de Freddy Ginebra está en sí mismo, en su naturaleza humano, en lo que hace por el arte y la cultura. Tiene un espíritu joven que lo enriquece cada día y le permite vivir a plenitud, cada día como si fuera el último, esperando que no lo sea.

He visto a muchos muchachos y muchachas crecer en Casa de Teatro, ganarse un espacio en el universo artístico tanto nacional como internacional, pero luego -¡oh ingratitud!- se alejan y no vuelven más, dejando a Freddy –sé que le basta- con la satisfacción del deber cumplido.

He dicho por muchos años, que si estuviera en mis manos Casa de Teatro gozaría de todo el respaldo económico que necesita para que continúe siendo la casa de los jóvenes valores de todas las expresiones artísticas y culturales del país, con capacidad para albergar a cientos, tal vez miles, de espectadores.

El que no conoce a Freddy, el que no ha estrechado su mano, el que no ha recibido su abrazo, el que no ha conversado con él, no sabe el tipo chévere, más bueno que el dulce de coco con leche, que se pierde.

No sé si le han dado un Soberano, diez Casandra, o si el presidente lo ha condecorado con la orden de Duarte, Sánchez y Mella, porque se merece todos los premios de la bolita del mundo aunque no los quiera. No sé nada. Lo único que sí sé es que a este país le hacen falta muchos Freddy Ginebra que trabajen por el arte y la cultura con el entusiasmo y el amor que él lo hace.

¿Qué sería la Zona Colonial sin Casa de Teatro y sin la imagen legendaria de Freddy Ginebra predicando valores éticos y morales? Una ruina más, como lo es el país hoy día.



About the Author

Juan Taveras Hernández
JUAN T H Periodista de vieja daba, arrepentido de la profesión por lo tanto que se ha degradado; abogado sin ejercer por verguenza propia, más loco que poeta y viceversa, que no es lo mismo, pero es casi igual. No está orgulloso de haber nacido donde nació. Pero ni modo...