Los análisis de género abren nuevos horizontes en la investigación científica y la innovación




Por José Tadeu Arantes  |  Agência FAPESP – Diez fármacos fueron retirados recientemente del mercado estadounidense debido a sus efectos sobre la salud. Ocho de ellos presentaban graves riesgos para las mujeres. El desarrollo de esas drogas costó miles de millones de dólares. Y cuando fallaron, provocaron muertes y sufrimientos.

“No podemos darnos el lujo de equivocarnos”, dijo Londa Schiebinger, docente de Historia de la Ciencia en la Stanford University y directora del Gendered Innovations in Science, Medicine, Engineering, and Environment Project, en su conferencia durante la 8ª Reunión Anual del Global Research Council (GRC), en São Paulo.

Ejemplos como éste llevan a formular cuestionamientos inevitables: “¿Podemos aprovechar el poder creativo del análisis de sexo y de género en los descubrimientos? ¿Podemos considerar que el género acrecienta una dimensión valiosa a la investigación científica? ¿Esto lleva a la investigación hacia nuevas direcciones?”.

La búsqueda de respuestas constituye un nuevo campo de estudio denominado gendered innovations que, aunque todavía no cuenta con una traducción lo suficientemente concisa en castellano, significaría “innovación que contempla el género”.

“Se trata de estimular la excelencia en ciencia y tecnología mediante de la integración del análisis de sexo y de género en la investigación”, resume Schiebinger.

Schiebinger brindó ese ejemplo sencillo, pero contundente, acerca de cómo las investigaciones que hacen caso omiso a las dimensiones del sexo y del género pueden ocasionar grandes pérdidas humanas y económicas.

El objetivo del proyecto Gendered Innovations, dirigido por Schiebinger, consiste en orientar correctamente la investigación desde su inicio. La idea es desarrollar métodos de vanguardia en el análisis de sexo y de género. Y elaborar estudios de casos que indiquen de qué manera dichos análisis llevan a la realización de descubrimientos y a la innovación.

Volviendo al caso de las 10 drogas retiradas del mercado estadounidense, Schiebinger demostró, con datos cuantitativos, que en la mayor parte de las investigaciones para el desarrollo de medicamentos se emplean células, tejidos, modelos animales o voluntarios humanos de sexo masculino. Y lo que es peor, en muchos casos, el sexo no es reportado en los estudios.

“¿Por qué esto es relevante? La investigación muestra que, según el sexo de origen, existen diferencias en la capacidad terapéutica de las células madre. Las células madre extraídas del tejido muscular femenino, por ejemplo, son más activas que las células madre masculinas. Sin embargo, muy pocos investigadores consideran el sexo de las células. Y esto puede llevar al fracaso de la investigación”, dijo.

Él dijo. Ella dijo

En tránsito de la biología y la industria farmacéutica a la ciencia de la computación y, específicamente, al aprendizaje de máquinas, Schiebinger relató una situación curiosa que vivió años atrás, cuando fue entrevistada en Madrid por periódicos españoles.

Al regresar a casa y poner los artículos en Google Translator, quedó impactada al descubrir que, en la traducción del español en inglés, el algoritmo se refería a ella repetidamente como “he” (él): “he said” (él dijo), “he wrote” (él escribió). Y eventualmente como “it” (el pronombre neutro, inexistente en portugués): “it thought” (pensó).

“Google Translator se inclina por el pronombre masculino porque ‘he said’ (él dijo) aparece más comúnmente en internet, y no así ‘she said’ (ella dijo)”, explicó Schiebinger.

“Sabemos gracias a NGram, otra herramienta de Google, que la razón entre ‘he said’ y ‘she said’ ha caído drásticamente, de un pico de cuatro a uno en la década de 1960, a dos a uno a partir del año 2000. Esto acompañó exactamente el ascenso de los movimientos internacionales de mujeres y las financiaciones gubernamentales, especialmente desde la década de 1980, tendientes a incrementar la cantidad de mujeres en la ciencia y la tecnología. Con un algoritmo, Google barrió 40 años de revolución en el lenguaje y no se dio cuenta de eso. Tamaño es el sesgo inconsciente de género”, dijo.

La corrección del algoritmo es una tarea simple. Y eso fue lo que los ingenieros de Google se dispusieron rápidamente a hacer cuando se les advirtió sobre el problema, en el marco de un workshop. Así y todo, según Schiebinger, el reajuste constante no constituye el mejor camino para avanzar.

“Algunos productos pueden arreglarse. ¿Pero, y si Apple, Google y otras compañías empezasen a investigar la incorporación del análisis de género al desarrollo de sus productos? ¿Qué tecnologías innovadoras podrían concebirse?”, indagó.

“El punto en el cual yo querría hacer hincapié es que ese sesgo de género inconsciente del pasado amplifica las desigualdades de género en el futuro. Cuando un programa de traducción se inclina automáticamente para ‘he said’, refuerza el estereotipo de que los varones son los intelectuales activos y aparta a las mujeres de ese rol. Esto aumenta la frecuencia relativa del pronombre masculino en la web, y puede revertir avances duramente conquistados en dirección hacia la igualdad de género”, dijo Schiebinger.

Puede ingresarse al portal del Gendered Innovations in Science, Medicine, Engineering, and Environment Project en el siguiente enlace: http://genderedinnovations.stanford.edu/people.html.

La 8ª Reunión Anual del Global Research Council (GRC) se realizó en São Paulo entre los días 1º y 3 de mayo, y su organización estuvo a cargo de la Fundación de Apoyo a la Investigación Científica del Estado de São Paulo (FAPESP), el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) de Argentina y la German Research Foundation (DFG) de Alemania.

 

Este texto fue originalmente publicado por Agencia FAPESP de acuerdo con la licencia Creative Commons CC-BY-NC-ND . Lea el original aquí.



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