Los 46 años del PLD

Juan Taveras Hernández, periodista.




Juan Bosch renunció del Partido Revolucionario Dominicano del cual era líder incuestionable junto con el “astro con luz propia”, José Francisco Peña Gómez, para formar el Partido de la Liberación Dominicana, llevándose a un puñado de importantes cuadros políticos.

Pensó que su estatura bastaría para destruir el partido que lo había llevado al poder tras el justiciero asesinato del tirano Rafael Leónidas Trujillo Molina. No fue así. El PRM siguió adelante hasta llegar al poder nuevamente en 1978 con don Antonio Guzmán Fernández, triunfo que el propio Bosch intentó desconocer, sumándose a las fuerzas retrógradas que lograron robarle cuatro senadores al PRD para que no tuviera el control de la justicia. El famoso “fallo histórico”.

Fue el PRD de Peña Gómez, no el de Bosch, quien “encendió la llama augusta de la libertad” en la conspiración para derrotar al triunvirato que presidía Donald Reed Cabral, el que llamó a las armas junto con militares y dirigentes de la izquierda revolucionaria encabezada por el Movimiento 14 de Junio, entre otros, pidiendo el retorno de la constitucionalidad con Bosch.

Fue el PRD quién, tras su retorno al poder, derogó las leyes anticomunistas, liberó a los presos políticos, permitió el retorno de los exilados, despolitizó las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional dando inicio a un proceso de amplias libertades públicas y modificación de las estructuras políticas y económicas del país, contando siempre con la oposición rabiosa de sectores que se opinión a los cambios, incluyendo en muchas ocasiones al propio Bosch que siempre se entendió bien con Balaguer.

De los 46 años del PLD, los 20 que tiene en el poder, han sido de robo, saqueo, retroceso democrático, inseguridad ciudadana, destrucción del aparato productivo, destrucción del sistema político partidario, progreso y crecimiento económico para determinados grupos, incluyendo a sus propios dirigentes que se convirtieron en el grupo económico y político más poderoso e incluyente del país gracias al más alto nivel de corrupción que haya conocido país alguno en el mundo.

El PLD llega al poder en 1996, utilizando a Juan Bosch, ya viejo y sin memoria, -un acto inhumano, vergonzoso y ruin- mediante un acuerdo rastrero y racistas para impedir que Peña Gómez, un hombre digno y bueno, asediado por su color y su origen, llegara al poder. De eso no puede estar orgullo nadie que tenga dos dedos de frente. ¡El PLD es una vergüenza!

Es un hecho insoslayable que a partir de 1996 –constará en los anales de la historia- comenzó el más espectacular saqueo de los recursos públicos; ni durante la colonización que terminó con la extinción de nuestros aborígenes por parte de los españoles, se robó tanto, ni se saqueó tanto, cambiándole al pueblo ignorante, pendejo y pobre, espejito por oro (Pica Pollo y 500 pesos por un voto). Los dirigentes fundamentales no fueron al partido para servir el pueblo, como era su consigna, la invirtieron, fueron al partido para convertirlo en una plataforma de corrupción e impunidad.

Los 20 años del PLD en el poder han sido los peores para el pueblo dominicano. Solo Danilo Medina ha tomado más dinero prestado que todos los demás presidentes juntos. Las riquezas acumuladas por buena parte de sus “líderes” no las “salta un chivo”. Cualquiera de ellos puede financiar su propia campaña electoral sin poner el riesgo la seguridad económica de sus hijos, nietos, tataranietos, chornos, etc.

El PLD en esos 20 años ha pasado de partido a empresa, de empresa a corporación, de corporación a monopolio político y económico, porque, como si fuera poco, es quien decide la suerte de los demás –quien vive y quien muere, quien triunfa y quien fracasa- dado el control fiscal y militar.
¡El PLD es un fraude!



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Juan Taveras Hernández
JUAN T H Periodista de vieja daba, arrepentido de la profesión por lo tanto que se ha degradado; abogado sin ejercer por verguenza propia, más loco que poeta y viceversa, que no es lo mismo, pero es casi igual. No está orgulloso de haber nacido donde nació. Pero ni modo...