A raíz de estos esfuerzos pioneros, las energías renovables dejaron de ser una utopía.
Acertada, oportuna puesta en circulación del libro “Energías Renovables en la República Dominicana”, escrito por un pionero del tema, el investigador y académico, ingeniero Martín Bolívar Rodríguez. La obra surge en un momento en que se observa ¡por fin! un auge en el uso y aprovechamiento de este recurso en el país.
Aparece igualmente en una época en que el Banco Mundial lanza una advertencia en el sentido de que, “2000 millones de personas aún carecen de agua potable segura” en el mundo. Son dos recursos vitales para la vida, especialmente en la actual etapa de desarrollo sostenible que vive la humanidad.
En ese sentido, este libro sobre energías renovables de la autoría del ingeniero Rodríguez, no es solo un texto testimonial y de perfil histórico, sino que se trata algo pedagógico, ya que está dirigido a crear una cultura sobre este invaluable recurso, entre los estudiantes de ingeniería, especialmente de electrónica, carreras afines, y en la población.
Es un texto escaso dirigido a uso en las universidades y no todos los días se realizan este tipo de publicaciones. En el mismo se revela igualmente “lo que fueron” las carencias y vicisitudes vividas por sus iniciadores. Esfuerzos y sacrificios de especialistas que buscaban, y lograron, “a pura lucha”, encausar a los dominicanos por el sendero de la producción y consumo de energías limpias, como alternativa para una base sostenible del desarrollo nacional.
“En primer lugar, quiero expresar mi más sincero agradecimiento a todos los asistentes que nos distinguen especialmente con su presencia, ya que reflejan de una manera u otra su involucramiento con una actividad técnica y científica de mucho impacto tanto para la seguridad energética como ambiental de nuestro país, como es el desarrollo de las energías limpias y renovables propias”, expresó el ingeniero Rodríguez en su discurso de lanzamiento de la obra.
Desarrollo extraordinario
A raíz de estos esfuerzos pioneros, las energías renovables dejaron de ser una utopía y se han convertido en un innegable entorno de progreso, pese a visibles trabas institucionales que parten a veces desde el propio Estado y las partes interesadas.
“En realidad, la historia del desarrollo de las energías renovables en nuestro país se puede calificar como extraordinaria sin exagerar, debido a que por desconocimiento de la capacidad de sus recursos naturales se tuvo que esperar hasta los años 80 para iniciar un programa de energía solar serio, el cual fue financiado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Banco Central de la República Dominicana”, expresó Rodríguez.
Y apuntó:
“Como resultado de tal estudio, en menos de 40 años la energía solar pasó de ser llamada una utopía, por los altos costos y recibir burlas de los defensores de las energías convencionales, hasta ser una competidora del mismo nivel que las centrales de petróleo y gas natural, tanto en potencia instalada como a ser más favorable en costos unitarios”.
El experto sustentó que “los intereses detrás de los combustibles fósiles sostenían que esas energías nunca pasarían de impulsar los molinitos de viento para suplir agua de granjas ganaderas o iluminar con un panel algunas casitas de campos de regiones aisladas”.
“Luego de una escalada de precios del petróleo en años 80 y 90,-subraya Rodríguez- el mundo despertó y se convenció de que había que buscar otras fuentes más estratégicas y cercanas y comenzaron a desempolvar los estudios de pioneros de épocas pasadas y los adelantos de los programas espaciales de los Estados Unidos, los países europeos y la Unión Soviética entre otros”.
A juicio de este académico estos países desarrollaron paneles solares basados en electrónica que resultaban muy costoso, súper caros por ser los prototipos, pero que “gracias a la competencia espacial y los altos precios del petróleo se pudieron desarrollar varios prototipos de paneles solares hasta lograr una eficiencia de conversión de energía solar a energía eléctrica con buena rentabilidad entre 18 y 21% a nivel comercial y hasta un 46% en ensayos de laboratorios muy especializados”.
Inversiones increíbles
Lo impresionante de todo esto ha sido que de la utopía que vivían académicos, técnicos y profesionales del área energética, -algunos eran reputados investigadores que trabajaban en el otrora Instituto Dominicano de Tecnología Industrial (INDOTEC), un departamento del Banco Central, así como de la Comisión Nacional de Energía (CNE)- ha surgido una pujante industria de las energías renovables en el país.
De ese “sueño”, se podría decir, se dio un salto de una magnitud tal, que según cabe destacar, el gobierno del presidente Luis Abinader proyectó la codiciada “inversión de US$1,100 millones en 2024” en impulso al sector de las energías renovables.
“En 2022, la inversión en energías renovables alcanzó US$341.07 millones, un aumento del 17.52% respecto al año anterior”, destacan las cifras oficiales. Asimismo, la Comisión Nacional de Energía (CNE) estima que “se necesitan US$5,400 millones de inversión en renovables para cumplir la meta del 2030”.
En tanto, el gobierno dominicano tiene el objetivo de alcanzar la neutralidad de carbono para 2050, mientras el país avanza en el ranking global de mercados atractivos para invertir en energías limpias.
Y pensar que unos años atrás el departamento de energía del INDOTEC-Banco Central apenas contaba con una escasa cantidad de profesionales que trabajaban en proyectos ¿utópicos? de energías renovables, pero que ha sido con ellos que se sembraron las semillas de esta pujante y prometedora industria.
Pioneros
Que me perdonen a los que no mencione, pero mi memoria recuerda, a mi paso como encargado de prensa de INDOTEC, a los ingenieros William Calderón, Fabián Tello, Bolívar Rodríguez, Doroteo Rodríguez y el fenecido Jaime Yépez, un hombre, este último, de envidiable sapiencia. Otros trabajaron desde la Comisión de Energía, entre los que cabe mencionar al ingeniero Ramón Alburquerque.
En una oportunidad, el ingeniero Rodríguez fue a mi oficina en INDOTEC a reclamarme que yo lo sacaba mucho en la prensa y que eso aumentó la demanda de servicios por parte de personas interesadas en desarrollar iniciativas de energías renovables individuales y en sus empresas. Me dijo, con razón, que estaba sólo en el departamento y que por mí incesante labor de prensa no alcanzaba para dar respuestas a la solicitud de servicios.
Pero ¡cómo cambian las cosas! En esa época me tocó promover las energías renovables desde mi humilde posición en dicha institución, ahora, gracias a Dios, lo hago para ensalzar que el ingeniero Rodríguez escribió un libro acerca de esa experiencia ¡enhorabuena!, en el cual se recoge parte de lo vivido en esos tiempos. La situación es otra y de pasar por aquella etapa de escasez y sacrificios, la industria ahora emerge y compite en el plano local, cosa que se creía impensable, con las energías de combustibles fósiles.
Energías limpias y aguas puras
Creo que algo parecido tiene que ocurrir con el suministro de agua potable a las poblaciones del país. Las autoridades deben aunar más esfuerzos para reducir la cantidad de dominicanos que aún no tienen acceso al agua de consumo humano, a los fines de que República Dominicana reste unos milloncitos a las 2000 millones de personas que según afirma el Banco Mundial, carecen de suministro del vital líquido.
En ese perfil planteamos que como se trabajó con las energías renovables, ahora el Estado debe esforzarse para producir más aguas, sanas y potables en nuestros ríos. Las energías y las aguas son elementos esenciales para la vida y sería de sabios que los gobiernos destinen más recursos a estos renglones, en detrimento –por favor-de las inversiones en las guerras.
En seguimiento de esa línea de pensamiento, sugerimos al Estado dominicano crear un “fondo especial” para financiar proyectos de producción de aguas en montañas, cuencas hidrográficas y acuíferos, mediante la siembra masiva de árboles, independientemente de la parcela partidaria que nos gobierne.
Eso debe conllevar, a su vez, a la creación de empleos en zonas rurales y garantizar salud a la población.
Por Emiliano Reyes Espejo
*El autor es periodista.