El socialismo chino está inclinando la balanza hacía un modelo en el que, el socialismo real exitoso en una primera etapa.
El culto al poder es hacerse dependiente de este. Así ocurre cuando lo que se busca es un propósito personal o de grupo, pero, resulta que el poder es más que eso. En el pasado, los gobernantes decían haber obtenido el poder por mandato divino. El objeto era cumplir ciertos encargos ligados, primero, al dominio de la naturaleza y, luego, al dominio y explotación de sus semejantes. Esto tuvo por consecuencia que, el hombre se hiciera lobo del hombre. Lo cual hizo necesario que la comunidad se levantase y estableciera que el poder era para servir y proteger a la comunidad, que nadie podía ponerse por encima de sus semejantes porque el poder lo otorgaba la comunidad y a ella pertenecía.
A medida que nos adentramos a la edad moderna, aparece el concepto de clase social, es decir un grupo dominante contra la comunidad humana envilecida. De ahí se pasó a un conglomerado formado por una nomenclatura que, mal que bien, colocó los derechos sociales por encima de los derechos individuales. Por ahí andamos, luchando entre los derechos individuales y los derechos colectivos. Pero a la pregunta de ¿cómo puede un individuo superponer sus intereses individuales a los de la comunidad?, existe un gran trecho. Hasta que el marketing político desarrolló formas mediáticas avanzadas de manipulación, hasta conseguir el dominio de los menos sobre los más.
Esto se ha presentado como un gran progreso, pero no se habla de que el individuo para superponerse sobre sus semejantes, ha de mentir y mentir con propiedad. Las masas siempre son capaces de ser seducidas cuando la mentira viene con ropaje de verdad. Esto es, a grandes crisis, grandes remedios, por tanto, los gobernantes crean grandes problemas para luego busca grandes soluciones. Esas mismas masas, al descubrir la mentira, reaccionan contra los mentirosos convertidos en usurpadores del poder que se les encomendó.
De ahí la pregunta que se hace Michael Foucault, sobre el por qué se obedece al poder, porque se rinde culto al poder. Como lo ha demostrado Sartori, el poder permite repartir los recursos de la sociedad entre los acólitos, entre grupos, entre minorías y, en ocasiones, no repartir y quedárselo todo. Es por esto que, algunos filósofos políticos han planteado la necesidad de colectivizar los recursos siempre escasos de la sociedad. Estos, aducen, podría resolver el problema del acaparamiento de los recursos en pocas manos. Sin embargo, el tiempo ha mostrado que, como dijese Montesquieu, el poder absoluto corrompe de manera absoluta. Es decir, el problema no está en el cómo se distribuyan los recursos, sino en quienes tienen el poder de distribuirlos privada o colectivamente. Por tanto, el problema no es el poder, el problema son los recursos y su distribución.
De ahí que, algunos se han dedicado a la toma del poder por el poder, es decir a repartir recursos. Pero, al igual que quienes se han apropiado de los recursos de la sociedad han podido también saber que no se trata de repartir, sino de distribuir y para distribuir se debe primero producir. Esto ha facilitado que la propiedad preexistente se deje en manos de sus detentadores para pasar a producir nuevas y más amplias riquezas.
Llegado este momento, la medición del buen o del mal gobierno, se hace con base a si es o no capaz de crear nuevas riquezas para ser distribuidas y no repartidas. Repartir significa no producir, en cambio, distribuir significa producir para saciar nuevas y más amplias demandas de bienes y servicios. Hasta ahora, a juicio de Carlos Marx, el sistema con mayor capacidad de productividad es el capitalismo. Su problema, sin embargo, consiste en que cuando no sabe distribuir lo producido, es decir cuando no crea nuevas riquezas, en una palabra, cuando no distribuye, sino que concentra riquezas en pocas manos, es como si no produjese nada para distribuir. Es un nuevo reparto entre las mismas manos. De ahí las crisis cíclicas del capitalismo. O, lo que es lo mismo, la sociedad se estanca no por escasez, sino por abundancia, por gula, en pocas manos.
El socialismo chino está inclinando la balanza hacía un modelo en el que, el socialismo real exitoso en una primera etapa, pero fracasado cuando le toca dar el salto cualitativo hacía la fase de la abundancia, está resolviendo este problema con mayor productividad. Esto es con la aceptación de que el mercado no es una creación capitalista, sino con la idea de que el mercado, el intercambio, es anterior y posterior al capitalismo, pues en el comunismo primitivo, la abundancia era el factor determinante por la abundancia de recursos creados por la naturaleza que permitía que todos tuvieran lo suyo. Esto es que, no existía la necesidad de producir, sino la necesidad de distribuir recursos que eran entonces abundantes. Esta es la fórmula china, producir mucho para distribuir en abundancia. Esta fórmula es de difícil asimilación por el capitalismo. De modo que, el capitalismo se ve amenazado por una forma nueva de producir basada no ya en la productividad, sino en la creatividad. Basados en que lo bueno puede ser mejor y lo mejor puede ser aun mejor y más barato.
Estos cambios están inclinando la balanza, pero, a la vez, existen grandes contracciones porque el poder capitalista pensó que había ganado la partida, que el socialismo real había sido vencido. Sin embargo, la fórmula socialismo de mercado basado en creatividad y tecnología, se está convirtiendo en una máquina de productividad imparable. Se olvidó de que el capitalismo cuando se desarrolla, deviene en socialismo. Crea sus sepultureros por gravedad como lo vemos hoy Friusa. Porque aquí, la solución al problema es dar dignidad, dar participación a aquellos desgraciados que han creado esas riquezas.
Indiscutiblemente, esto plantea grandes retos al concepto de poder por el poder. En razón de que este está basado y opera bajo el supuesto de que los bienes y servicios son siempre escasos. Ahora se afronta la realidad de que máquina bienes y servicios pueden ser abundantes y baratos. Por tanto, la política, la economía política, está siendo transformada desde un esquema de poder no capitalista. Esa abundancia ha de ser bien distribuida.
Dada esta situación, los conceptos de izquierda y de derecha, de conservadores y liberales, pierden sustancia. El poder por el poder, las engañifas, no funcionan. En cambio, la humanidad transita hacia avenidas del saber y del poder antes desconocidas, no transitadas hasta ahora pero que, sin embargo, están llamadas a cambiar las formas de hacer política. Las medidas proteccionistas de Donald Trump, el desconcierto europeo, la indecisión Latinoamericana y la Rusia neo zarista, caminan sin rumbo. Pero, en su momento, se verán obligadas a reconocer que el mundo se ha transformado. Esto es: que las respuestas al bienestar humano no están en el capitalismo salvaje, sino en políticas de mercado que procuren la creatividad y la abundancia de bienes y servicios de calidad y a bajos precios. No es tampoco un problema de nacionalidades, China como Rusia son diversas. DLH-2-4-2025